VIVIR COMO RESUCITADOS

VIVIR COMO RESUCITADOS

VIVIR COMO RESUCITADOS

Juan José Omella  Obispo de Barcelona

¡Aleluya! Cristo ha resucitado. Sí, verdaderamente ha resucitado. Esta buena noticia recorre hoy el mundo entero para anunciar en la oscuridad de la noche que el Amor es más fuerte que la muerte, que el mal no tiene la última palabra, que allá donde solo hay dolor y desesperación germina la semilla de la esperanza.

La resurrección de Cristo forma parte del núcleo de nuestra fe. Si Cristo no hubiera resucitado de entre los muertos, nuestra vida cristiana y nuestra fe serían un absurdo (cf. 1 Co 15, 14).

El Papa nos recuerda que “en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo que dará fruto”

La fe cristiana proclama que Cristo vive y que su resurrección es esperanza y promesa de la nuestra. San Efrén, en uno de sus sermones, nos lo explica con una bella imagen que proviene del mundo rural. Cristo vive para siempre y los que le dieron muerte se comportaron como agricultores. Enterraron a Cristo en un sepulcro, como el grano de trigo se entierra en un surco. Y así brotó y resucitó llevando consigo a toda la humanidad.

La resurrección de Jesús es la prueba de que su vida y su entrega hasta la muerte tuvieron un sentido. Cristo murió en la Cruz, pero Dios lo resucitó. De igual manera, si seguimos el camino del amor, nos encontraremos, tarde o temprano, con dificultades e incluso con la muerte; pero ahora sabemos que tras ella nos espera una vida plena en Dios y con nuestros seres queridos. La resurrección nos enseña que no hay cruz sin gloria, ni muerte sin una vida nueva.

 

Nos lo dice el papa Francisco: “…donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección […], en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce fruto” (EG 276). Sus palabras son hoy fuente de esperanza y consuelo en medio del dolor y la incertidumbre causados por la Covid-19.

Por tanto, la resurrección no es una anécdota o un episodio glorioso de la vida de Jesús. Fue el momento culminante de su vida y lo es también de la nuestra. Dios nos invita a salir de la mediocridad de nuestras vidas para empezar a vivir ya como resucitados, como lo seremos plenamente al final de los tiempos.

Desde la mañana de Pascua, Dios nos llama a ver a Jesús resucitado en todas las personas con las que tratamos cada día. Dios quiere que vean en nosotros cara y corazón de Domingo de Pascua y no de Viernes Santo.

Jesús nos pide, como a sus discípulos, que regresemos a Galilea. Quiere que revivamos el momento en que lo encontramos por primera vez para escuchar de nuevo su mensaje y ponernos, decididamente, al servicio del Reino de Dios.

Solo si estamos dispuestos a vivir como Él vivió, haciendo la voluntad del Padre, podremos hacer vibrar a los demás, anunciándoles que Jesús nos ama, que dio su vida para salvarnos y que ahora está vivo a nuestro lado cada día, para iluminarnos, para fortalecernos y para liberarnos (cf. EG 164).

Queridos hermanos y hermanas, que María, testimonio silencioso de la resurrección, nos ayude a mantener viva en el mundo la llama de la Pascua, la llama de la alegría y la llama de la esperanza, aun en medio de esta dolorosa pandemia que nos envuelve.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Parroquia Sagrados Corazones
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