Viernes Santo: ‘Mirarán al que atravesaron’

Viernes Santo: ‘Mirarán al que atravesaron’

Tarde de Viernes Santo. Tarde en la que se nos invita a contemplar y a adorar la Cruz como signo de la mayor de las entregas y como  expresión de la victoria del Amor sobre el mal…

Tarde de Viernes Santo. Tarde en la que se nos invita a contemplar y a adorar la Cruz como signo de la mayor de las entregas y como  expresión de la victoria del Amor sobre el mal.

El gesto de Jesús de lavar los pies a sus discípulos ayer, en la Ultima Cena, como señal de amor y de servicio, era el anticipo del amor hasta el extremo que entraña la entrega de Jesús en la cruz, que, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Jesús, movido por su amor incondicional al Padre y a sus hermanos los hombres, se entrega a la muerte y una muerte de cruz: Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos.

Por eso, el evangelista Juan, al final del relato de la Pasión, nos invita a levantar nuestra mirada hacia el Crucificado, a mirar al que atravesaron.

Mirar al  Crucificado y, en concreto, su costado abierto por la lanza, es sumergirnos en un océano de amor; es descubrir  el ‘plus de amor’ con el que Jesús supera el ‘plus de mal’ que hay en nuestro mundo, y nos salva. La liturgia de esta tarde nos invita a mirar el árbol de la Cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo.

Contemplar el ‘plus de amor’ que deja traslucir el costado traspasado de Jesús, debe impulsarnos a encarnar ese amor en nuestras propias vidas y a vivir en un amor semejante al suyo, un amor de entrega y de servicio: Amaos como yo os he amado… Os he dado ejemplo para que hagáis lo que yo he hecho con vosotros.

Contemplar y vivir el ‘plus de amor’ de Jesús nos impulsa a anunciarlo y hacerlo presente allí donde nos movemos, poniendo nuestro ‘plus de amor’ donde falta el amor.

Mirarán al que atravesaron. Jesús sigue hoy en día crucificado en tantas y tantas partes del mundo, en tantas y tantas situaciones. El mundo está lleno de crucificados. Están ahí, a nuestra vista; están cerca de nosotros, posiblemente en nuestra misma familia: mayores y enfermos,  pobres, parados y marginados, huidos y refugiados, perseguidos y martirizados, jóvenes desorientados y huérfanos espirituales…;  crucificado es todo el mundo del sufrimiento, de la marginación y de la exclusión ante el que no podemos volver el rostro o fingir que no lo vemos.

El profeta Isaías describe al Siervo sufriente (para los cristianos  es Jesús el Crucificado) como el excluido y el marginado: Muchos se espantarán de él, porque desfigurado no parecerá hombre, ni tendrá aspecto humano… Sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un varón de dolores, acostumbrado a los sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado…

Ante el cual se ocultan los rostros, o sea, ante quien de desvía o se aparta la mirada. ¿Apartamos nosotros la mirada ante los crucificados de hoy día?

Que la contemplación del Crucificado del Calvario nos lleve a contemplar a los crucificados de hoy, a no desviar nuestra mirada de ellos y a poner un ‘plus de amor’ en su sufrimiento.

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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