VIERNES DE LA SEMANA XXXIV DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B

VIERNES DE LA SEMANA XXXIV DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B

 

PALABRAS DEL SANTO PADRE

Nuestra meta final es el encuentro con el Señor resucitado. […]  Habrá un día en que yo me encontraré cara a cara con el Señor. Y ésta es nuestra meta: este encuentro. Nosotros no esperamos un tiempo o un lugar, vamos al encuentro de una persona: Jesús. Por lo tanto, el problema no es «cuándo» sucederán las señales premonitorias de los últimos tiempos, sino el estar preparados para el encuentro. Y no se trata ni si quiera de saber «cómo» sucederán estas cosas, sino «cómo» debemos comportarnos, hoy, mientras las esperamos. Estamos llamados a vivir el presente, construyendo nuestro futuro con serenidad y confianza en Dios. La parábola de la higuera que germina, como símbolo del verano ya cercano, (cf. vv. 28-29), dice que la perspectiva del final no nos desvía de la vida presente, sino que nos hace mirar nuestros días con una óptica de esperanza. […] El Señor Jesús no es sólo el punto de llegada de la peregrinación terrena, sino que es una presencia constante en nuestra vida: siempre está a nuestro lado, siempre nos acompaña; por esto cuando habla del futuro y nos impulsa hacia ese, es siempre para reconducirnos en el presente. Él se contrapone a los falsos profetas, contra los visionarios que prevén la cercanía del fin del mundo y contra el fatalismo. Él está al lado, camina con nosotros, nos quiere. ÁNGELUS 15 de noviembre de 2015

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21,29-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola: «Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano. Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».

 

Reflexión del Evangelio de hoy

Mis palabras no pasarán

Jesús, el observador, alecciona a los suyos para que se fijen en su entorno, en la naturaleza que les habla y que deben saber interpretar. Cuando los frutos maduran, una nueva etapa comienza. No hay que dejar que se caigan y pudran.

Cada época produce sus maduraciones y cambios; cuesta interpretarlos y los catastrofistas son muy dados a ver donde no hay, como si todo fuese el acabose, el sinsentido, el final de la historia. No, los creyentes, que también sufrimos esos cambios tremendos entorno nuestro, sabemos que se abre una nueva puerta de oportunidades esperanzadas, o mejor de esperanzas oportunas.

Cierto. Cuesta verlas, aceptarlas, adaptarse; pero la esperanza siempre está como aletargada, sosteniéndolo todo. Cielo y tierra pasarán; los cielos que hemos conocido y contemplado y las tierras que hemos pisoteado, caminado, pasarán. Pero sus palabras no pasarán.

La alianza de amistad entre Dios y su pueblo, y sus criaturas, permanece. El reinado/presencia de Dios se instaurará; está haciéndolo ya. A ello nos preparamos con el inminente Adviento. Un año más en nuestra vida espiritual y de servicio y ayuda a los demás; una nueva oportunidad de crecimiento personal y espiritual. No cerremos la puerta a la esperanza que llama con discreción y suavidad.

No es un reino imaginario, fantasioso, el predicado por Jesús. Él no era un soñador ni un ilusionista que hacía juegos malabares para entretener al pueblo. Era muy realista e interpretaba muy bien los signos de los tiempos, lo que acaecía en cada momento. El Reino por Él predicado es la misma vida intensificada por el Espíritu de Dios.

Eso sí, hay que abrir mente y corazón para verlo, aceptarlo, encarnarlo. Jesús es el Hijo de Dios que empuja la puerta de nuestro interior para que la esperanza tenga cobijo en nuestras vidas.

Somos nosotros, pueblo de Dios, el que empuja y hace realidad la historia de la salvación, para que Dios no desaparezca de ella y, no sin dificultad, podamos vivirlo todo con mayor sentido y orientación vital.

Fr. José Antonio Solórzano Pérez O.P. Convento de Santo Domingo (Caleruega)

Parroquia Sagrados Corazones
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