VIERNES DE LA SEMANA XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B / SAN JOSAFAT

VIERNES DE LA SEMANA XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B / SAN JOSAFAT

SAN JOSAFAT

Nacido en Lituania en el siglo XV, perteneciente a la Iglesia greco-católica bielorrusa, ingresó como monje en el Monasterio de la Trinidad, iniciando una reforma que llevó al nacimiento de la Orden Basiliana de San Josafat. Fue nombrado obispo de Polatsk, asesinado por un grupo de cismáticos focianos

En Polonia se había conseguido aceptar el Concilio de Trento en 1564, que había terminado el 4 de diciembre de 1563, lo que sirvió de base para la restauración católica del país, que luego fue consolidándose a lo largo de los veinte años siguientes. Cuando en 1580 nacía en Vladimir (Polonia) Juan Kuncewicz (San Josafat), de padres fielmente ortodoxos, se fundaban en Polonia varios seminarios para las formación del clero, por iniciativa del primado Estanislao Karnkowski, que murió en 1603. Esta obra de renovación católica se completaba, gracias al rey Segismundo III (1587-1632), al que ayudaron en la tarea varios prelados y, sobre todo, los jesuitas, los dominicos y los basilianos reformados, con la unión de los orientales a la Iglesia de Roma en el sínodo de Brest en 1596, aprobados por el papa Clemente VIII. Los uniatas conservaron, después de la unión, su liturgia propia, su clero casado y sus costumbres orientales.

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas 17,26-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Asimismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se revele el Hijo del hombre. Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en casa no baje a recogerlas; igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará. Os digo que aquella noche estarán dos juntos: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán». Ellos le preguntaron: «¿Dónde, Señor?». Él les dijo: «Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres».

 

Reflexión del Evangelio de hoy

Vive una vida confiada y filial

Jesús reprocha a las personas de su tiempo que repiten la misma actitud insensata de los contemporáneos de Noé y de Lot: “comían, bebían, se casaban, compraban”, y se reían de Noé por sus previsiones y provisiones. También nosotros tenemos la tentación de entregarnos a la vida como si fuéramos eternos habitantes de este mundo. A este respecto san Palo aconseja tomar conciencia de la provisionalidad del tiempo presente: “Los que compran como si no poseyesen, los que gozan del mundo como si no disfrutasen, porque este mundo que contemplamos está para acabar”.

No se trata de amargarnos la existencia pensando siempre en la muerte. Un rasgo del cristiano es la alegría. Jesús nos da la razón suprema: “voy a prepararos el lugar para que estéis donde yo estoy”. Esto pone alegría en la vida, porque despeja el interrogante: “¿qué será de mí después de la muerte?” que, por lo menos de forma inconsciente, atormenta al que no tiene esperanza.

Además, somos unos privilegiados por saber el tema del examen final. Jesús señala que se nos preguntará: Estuve hambriento, desnudo, encarcelado, sin trabajo… ¿me tendiste la mano, saliste al paso de mi sufrimiento? “En el atardecer de la vida se nos examinará del amor”. Saber el tema del examen y no aprobar sería una negligencia imperdonable. En esto nos va la vida eterna.

El futuro glorioso se genera viviendo con sentido de entrega. El que guarde su vida para sí, la perderá; el que la entregue con generosidad, la acumulará. De ahí la importancia de vivir cada día como si fuera el último, con responsabilidad y alegría.

Fr. Mitxel Gutiérrez Sánchez O.P.

 

Parroquia Sagrados Corazones
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