VIERNES DE LA OCTAVA DE PASCUA DE RESURRECCIÓN

VIERNES DE LA OCTAVA DE PASCUA DE RESURRECCIÓN

PALABRAS DEL SANTO PADRE

«Un cristiano es un hombre y una mujer de alegría, un hombre y una mujer con alegría en su corazón. ¡No existe un cristiano sin alegría! (…) El carné de identidad del cristiano es la alegría, la alegría del Evangelio, la alegría de haber sido elegidos por Jesús, salvados por Jesús, regenerados por Jesús; la alegría de esa esperanza que Jesús nos espera, la alegría que –aún en medio de las cruces y los sufrimientos de esta vida- se manifiesta como esa profunda paz fundada en la certeza de que Jesús nos acompaña, de que está siempre con nosotros». (Santa Marta 23 de mayo de 2016)

Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 1-14

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar». Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo». Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?». Ellos contestaron: «No». Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor».

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.

Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger». Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice: «Vamos, almorzad». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Reflexión del Evangelio de hoy

Por el nombre de Jesús resucitado este se nos aparece sano

Pedro y Juan se presentan ante el Sanedrín tras curar a un paralítico. Los sumos sacerdotes y la guardia del templo los conducen a la cárcel por predicar a Jesucristo resucitado. Son interrogados por nombre de quién ellos han sanado a tal paralítico.

Es Pedro, quien, impulsado por el Espíritu Santo, toma la iniciativa de dar la cara y de anunciar que es en nombre de Jesús el Nazareno, crucificado por los judíos, y resucitado por Dios quien mueve sus actos de fe, y sus actos de sanación.

Pedro y Juan han asumido el mandato del Resucitado: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda la creación… lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. El poder de curar de los Apóstoles.

La palabra de vida, no puede quedar encerrada entre los muros de la irreligiosidad, de la intolerancia o de las múltiples formas que adopta la lucha contra Dios. La palabra de vida, lleva salud a los enfermos, consuelo a los afligidos, y reconciliación a los descarriados.

Una palabra que parte de la experiencia de la resurrección, de la alegría pascual, es la que llena ahora el corazón de Pedro. Ya no niega, ya no se esconde, ahora es quien da la cara por Dios tomando la iniciativa.

Es el Señor

A veces nos empeñamos en ver las cosas desde una sola dimensión o perspectiva. Es cuando aparece alguien en nuestra vida, a quien le reconocemos cierta autoridad, quien nos muestra el camino más adecuado y certero para comprender y reconocer cada acontecimiento.

Pedro y otros discípulos deciden ir a pescar. Están toda la noche, pero no encuentran nada. Hay alguien quien les indica que echen las redes hacia el otro lado, y es cuando encuentran un banco de peces abundante.

La vida no consiste en repetir una y otra vez los gestos que nos van a dar beneficios. No siempre la reiteración de los actos nos conduce al éxito. Nos hace falta un cambio de rumbo, un cambio de sentido. Cambiar la perspectiva de nuestra vida nos ayuda a mirar más allá, en profundidad y con fe, la posibilidad de encontrar lo que buscamos. Sin embargo, ¿qué es exactamente lo que buscamos? ¿Buscamos a Dios? ¿Buscamos realizar nuestra misión en las manos de Dios?

Fue el cambio de perspectiva, el echar las redes hacia otro lugar, lo que convirtió la pesca de infructuosa en abundante. Todo por una palabra del resucitado. Si observamos el texto del Evangelio de hoy, es la comunidad de discípulos, no Pedro sólo los que están llevando la misión de pescar. Mientras pescan empeñados en sus propis fuerzas, no consiguen nada; es cuando centran la mirada y escuchan al resucitado, cuando su pesca es abundante.

Es el discípulo a quien Jesús tanto amaba quien reconoce el gesto, la palabra, el milagro. La presencia del amor en él le hace afirmar que “es el Señor”. Porque es precisamente en el amor donde se reconoce la vida.

En esta semana, acabando ya el octavario de la Pascua, encontramos que Jesús resucitado alienta nuestro caminar como creyentes, como una comunidad con una misión entre manos: la de vivir en unidad la alegría pascual, la de llevar la noticia de Cristo Resucitado, la de reconocer que es el Señor quien alienta nuestro trabajo.

Fray Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)
Parroquia Sagrados Corazones
parroquia.sscc.madrid@gmail.com
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