VIERNES DE LA IX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B

VIERNES DE LA IX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B

PALABRAS DEL SANTO PADRE

“Dios ha reconciliado al mundo consigo mismo en Cristo, confiándonos la palabra de reconciliación y la gracia de llevar adelante con fuerza, con la libertad de los hijos, esta palabra de reconciliación. ¡Estamos salvados en Jesucristo! Y nadie puede robarnos este documento de identidad. Ese es mi nombre: ¡hijo de Dios! ¡Qué hermoso carnet de identidad! Estado civil: ¡libre! Que así sea». (Santa Marta – 4 de julio de 2013)

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 35-37

En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: «¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies.» Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?». Una muchedumbre numerosa le escuchaba a gusto.

Reflexión del Evangelio de hoy

Había uno que hablaba con autoridad

La gente disfrutaba de la persona misma de Jesús: de su bondad, de su inteligencia, de su libertad de palabra y acción. Con sólo escucharle, se sentían mejores, más inteligentes, más libres. No imponía distancias. No los tenía a menos a pesar de su ignorancia. No los condenaba, a pesar de que sabía que distaban mucho de ser perfectos.

Jesús les introducía en el misterio de su persona con habilidad, a partir de los textos de la Escritura que todos habían oído.  Conocer mejor a una persona a la que se quiere mucho es un verdadero placer. Y en Jesús se adivinaba un gran misterio. La lectura de hoy nos muestra a Jesús haciendo una pregunta nada fácil de responder por parte de sus interlocutores. Se refiere a él mismo. Conociendo el origen del Mesías, se descubriría su autoridad y la base del crédito que han de prestarle.

¿Cómo dicen los letrados que el Mesías es hijo de David?. Si es hijo, tiene que ser inferior, según la lógica patriarcal de aquel pueblo. La gente que le veía actuar con los pobres y los enfermos, con respeto y amor, y con las autoridades, con una libertad y una superioridad inimaginables, estaba muy próxima a admitir el misterio que se escondía en su persona. Y decían: ¿No será Jesús aquél a quien el mismo David llama Señor?  Lo admiraban a pesar de que rompía muchos esquemas.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P. Casa Ntra.Sra. de los Ángeles (Vitoria)

Parroquia Sagrados Corazones
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