VIERNES DE LA III SEMANA DE PASCUA / CICLO B

VIERNES DE LA III SEMANA DE PASCUA / CICLO B

PALABRAS DEL SANTO PADRE

Nutriéndonos con este alimento podemos entrar en plena sintonía con Cristo, como sus sentimientos, con sus comportamientos. Esto es muy importante: ir a misa y comulgar, porque recibir la comunión es recibir este Cristo vivo, que nos transforma dentro y nos prepara para el cielo. ÁNGELUS 19 de agosto de 2018

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 52-59

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

Reflexión del Evangelio de hoy

El currículo de Saulo no era muy limpio que digamos. Tenía fama de intransigente, con una animadversión a los cristianos de todos conocida. Damasco era una ciudad donde los cristianos habían crecido y él no podía perder la oportunidad de demostrar allí su valían farisaica y de depurador de la nueva fe.

Los sacerdotes, conociendo su celo anticristiano, no dudan en darle cartas de autorización para buscar a los seguidores del “nuevo camino”.  Nuevo camino, expresión muy usada en los Hechos y en los evangelios como maneras diferentes de vivir y proceder. El camino veterotestamentario estaba ya muy trillado y desgastado. No sabía Saulo -pronto se llamaría Pablo- lo que le esperaba camino de Damasco, camino muy transitado. Iría rumiando su ¿venganza? ¿de qué? No, nada le habían hecho los cristianos. Iría llenándose de razones para actuar con determinación en la persecución. Tropezó, cayó, se daría un buen golpe en la cabeza y ese golpe le hizo perder el sentido y la visión, para después ir recuperándose poco a poco.

Dejó de ver lo antiguo para pasar por una noche oscura del alma y del entendimiento durante tres días -siempre tres días parece que son los que se necesitan en los textos de la palabra de Dios para sobreponerse, ver con visión nueva, volver a la Vida-. Le llevaron sus discípulos a la calle Derecha -todo un símbolo- que aún existe en Damasco, con el trasiego que haya dejado estos 10 años de guerra. Tres días de dieta, ciego, fue suficiente para “caer en la cuenta” de que a quienes perseguía, no estaban equivocados; era él el equivocado. Fueron tres días de cuidados y de ejercicio interior -hoy diríamos de ejercicios espirituales- para volver como hombre nuevo.

Ananías se resiste un poco, pero el Señor le habla y el responde con una respuesta muy común a lo largo de la Biblia: ¡Aquí estoy, Señor! Respuesta firme. Y el Señor responde con el mismo imperativo: Levántate y ve a la calle llamada Derecha. Nada de “Hazme un favor, a ver si puedes ir…”. No. Es un mandato con seguridad. Yo he elegido a este hombre para llevar mi nombre a todos los pueblos, dice el Señor. El resto es sabido: manos impuestas, recepción del Espíritu de Dios, caída de escamas o legañas de los ojos después de tres días y decisión de recibir el bautismo. Y antes, la voz en off en la que Jesús le había hablado… Salió con fuerza Saulo/Pablo de aquel “caer en la cuenta”. A veces nos pasa a nosotros. “Caer en la cuenta” es la mejor forma de iniciar el nuevo camino. Se necesita tiempo, noches oscuras del alma o un tiempo de enfermedad, de prueba, silencio para… Qué mejor Pascua. Qué mejor paso del Señor por nuestras vidas.

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Todo un cántico de acción de gracias. Pareciera que es el mismo Pablo quien lo recitase después de que ha superado la prueba, después de una vida de fidelidad a lo antiguo y de lanzarse a lo nuevo. Ahora ya se siente tranquilo. Ahora puede pagar al Señor todo el bien que le ha hecho.

Todo el salmo es, para nosotros, un resumen de muchas situaciones superadas y de dar un giro de gratitud y reconocimiento y, por supuesto, de disponibilidad para servir al Señor y a los hermanos en este tiempo pascual recién estrenado.

¿Cómo puede éste a darnos de comer su propio cuerpo?

Palabras muy elaboradas las de Jesús ante la pregunta /duda de los judíos: ¿Cómo puede éste a darnos de comer su propio cuerpo? Una pregunta que, de una u otra forma, muchos en la actualidad siguen haciendo respecto a la Eucaristía; dicen: el pan es pan y el vino es vino, no le demos más vueltas.  La comparación con el maná es apropiada, con la diferencia de que aquellos murieron. Ahora Jesús es el nuevo maná/pan de Vida. Su Vida resucitada, eucaristizada, se prolonga en nosotros cada vez que nuestro espíritu receptivo se abre a Su alimento. Es un salto cualitativo: Él es verdadera comida y bebida porque la perspectiva es nueva; ya no estamos en una dimensión puramente material, es una dimensión de fe, de prolongación de aquel gesto de la Última Cena, de unidad y común unión; en definitiva, de fe total a la persona de Jesús, que quiso quedarse a Él mismo como alimento fortalecedor de nuestras vidas débiles e indefensas.

Desde entonces, las reuniones y encuentros entorno a la mesa para disfrutar de la reconciliación, de la Palabra, del Pan de Vida, tienen el sabor de auténtica pascua, de paso del Señor que se queda entre nosotros y no de cualquier forma, sino de la mejor forma: saciando nuestra hambre y sed de Vida.

En la Eucaristía, en la comunión, la hacemos carne de nuestra carne y con ella enraizamos cada día la vida entera en Dios. Porque de estar enraizados se trata. Sin raíces, pronto nos secamos y morimos. El papa Francisco lo expresa muy bien: “En la Eucaristía, que es el precioso alimento para la fe, se da el encuentro con Cristo presente realmente con el acto supremo de amor, el don de sí mismo, que genera vida. En la Eucaristía confluyen los dos ejes por los que discurre el camino de la fe. Por una parte, el eje de la historia: la Eucaristía es un acto de memoria, actualización del misterio, en el cual el pasado, como acontecimiento de muerte y resurrección, muestra su capacidad al futuro, de anticipar la plenitud final. La liturgia nos lo recuerda con su hodie, el «hoy» de los misterios de la salvación. Por otra parte, confluye en ella también el eje que lleva del mundo visible al invisible”.

Fr. José Antonio Solórzano Pérez O.P.

Casa San Alberto Magno (Madrid)

Parroquia Sagrados Corazones
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