TESTIMONIO DE UNA LLAMADA

TESTIMONIO DE UNA LLAMADA

Mi nombre es Amanda y, siendo más joven, estuve involucrada en grupos de carácter revolucionario y de desestabilización social …

Mi nombre es Amanda y pertenezco al Instituto secular Hijas de la Natividad de María. Siendo más joven estuve involucrada en grupos de carácter revolucionario y de desestabilización social. De alguna manera los líderes llamaron a mi puerta y yo, queriendo solucionar toda la injusticia del mundo, me enrolé en una dinámica de extorsión y manipulación sin darme cuenta del fondo oscuro de dichos grupos. Mi familia, mientras no saliese en la prensa ni ‘diese’ problemas, me dejaba hacer y no se metía en mis ‘compromisos sociales’ …

En una de las manifestaciones a uno de mis colegas se le fue un poco la mano y la policía entró en acción. Entre golpes, carreras, silbatos y disparos yo escapé hacia uno de los laterales, salté la valla y me encontré ‘a salvo’ … Después de unos días, al tranquilizarse la ‘movida’, supe que a mi compañero lo apresaron por obstrucción a la autoridad, lo retuvieron en el calabozo y, de alguna manera, truncaron su futuro …

Pasaban los días y no encontraba cómo dar respuesta a mi inquietud social, a la defensa de los derechos humanos, a mi compromiso en contra de todas las injusticias …

Mi experiencia fue luz para descubrir que los hombres/mujeres no lo podemos todo, que somos pequeños y, a la vez, voraces y depredadores entre nosotros mismos …; por ello, volví los ojos hacia ‘aquellos’ que lo daban todo por amor a Dios. Siempre que me había encontrado con alguna misionera, sacerdote, consagrado/a, vivía un halo de felicidad profunda. Así conocí el que es hoy mi Instituto ‘Hijas de la Natividad de María’ y, a través de su carisma, en la vivencia y práctica de la Infancia Espiritual hago realidad mi consagración secular (estoy en el mundo, pero no soy del mundo).

Intento ser fiel a la llamada de Dios y en Él fructifican todas mis expectativas: de denuncia ante las injusticias sociales, de acoger a los desfavorecidos de la sociedad, de amar a los niños que se acercan a mí pidiendo acogida, y regalando un beso que alivie su gran carencia afectiva por la ruptura familiar, de ser alegría para el vecino que se encuentra desanimado o enfermo, de compartir el gozo en las fiestas y celebraciones de mis amigos y de mis compañeras consagradas, de servir a la Iglesia en sus necesidades de evangelización y catequesis …

¿Qué piensas de este testimonio?

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