TERCER DOMINGO DE PASCUA: ‘Emaús: Camino de desilusión y olvido – Camino de encuentro y esperanza’

TERCER DOMINGO DE PASCUA: ‘Emaús: Camino de desilusión y olvido – Camino de encuentro y esperanza’

San Lucas, en el relato de los discípulos de Emaús, nos hace una preciosa catequesis sobre la Eucaristía. Vivir la Eucaristía es vivir el Camino de Emaús … El Camino de Emaús es, para los discípulos,  un camino de desilusión y de olvido; pero se convertirá después en un Camino de encuentro y de esperanza …

PALABRA DE DIOS

Lectura del libro d los Hechos de los apóstoles 2,14.22-23

    El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: -Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchad mis palabras y enteraos bien de lo que pasa. Escuchadme, israelitas: Os hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis. Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de los paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él: ‘Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. / Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua, / y mi carne descansa esperanzada. / Porque no me entregarás a la muerte / ni dejarás conocer a tu fiel la corrupción. / Me has enseñado el sendero de la vida, / me saciarás de gozo en tu presencia’.

   Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: El patriarca David murió y lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta el día de hoy. Pero era profeta y sabía que Dios lo había prometido con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo; cuando dijo que ‘no lo entregaría a la muerte y que su carne no conocería la corrupción’, hablaba previendo la resurrección del Mesías. Pues bien, Dios resucitó a este Jesús, y todos nosotros somos testigos. Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo.-

Salmo 117 R/. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

*Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Diga la casa de Aaron: eterna es su misericordia. Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia.

*La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Me castigó, me castigó el Señor, pero no me entregó a la muerte.

*La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1,17-21

Queridos hermanos: Si llamáis Padre al que juzga a cada uno, según sus obras, sin parcialidad, tomad en serio vuestro proceder en esta vida.

Ya sabéis que os rescataron de ese proceder inútil recibido de vuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por nuestro bien.

Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza.-

 

Aleluya. Señor Jesús, explícanos las Escrituras; haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas. Aleluya.

 

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 24,13-35

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo: -¿Qué conversación es ésa que traéis mientras vais de camino?

Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: -¿Eres tú el único forastero de Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?

Él les preguntó: -¿Qué?

Ellos le contestaron: -Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya tres días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.

Entonces Jesús les dijo: -¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar después en su gloria?

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.

Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: -Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.

Ellos comentaron: -¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?

Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: -Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.-

 

COMENTARIO

‘EMAÚS: Camino de desilusión y olvido – Camino de encuentro y esperanza

En el relato de los discípulos de Emaús el evangelista san Lucas nos hace una muy hermosa catequesis sobre la Eucaristía. El ‘caminante’, comentándoles las Escrituras (la Palabra de Dios) levanta el ánimo triste y desesperanzado de los discípulos que van de camino a Emaús, y en su corazón empieza a brotar la esperanza.. Esto es, precisamente, lo que vivimos en la celebración eucarística en su primera parte (Liturgia de la Palabra).

El diálogo con el ‘caminante’ y sus comentarios han preparado el corazón de los discípulos para que, llegados a Emaús, al sentarse a la mesa y partir el pan, se abran sus ojos y reconozcan que el que ha caminado con ellos, es Jesús mismo, su Maestro, vencedor de la muerte y de nuevo presente con ellos, aunque de una manera distinta. El encuentro con el Resucitado hace crecer la esperanza en los discípulos. Es esto lo que vivimos en la segunda parte de la celebración de la Misa: la Liturgia de la Eucaristía.

El corazón de los discípulos queda tan alborozado por el encuentro con Jesús Resucitado que, levantándose al momento y sin importarles la hora y la distancia, se vuelven a Jerusalén para contar ‘lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan’. Es el final de nuestra celebración: el envío a la misión, el compromiso de ser testigos de resurrección.

Emaús, camino de desilusión y de olvido: Los discípulos, tristes y apesadumbrados, se alejan de Jerusalén donde se habían forjado tantas esperanzas y puesto tantas ilusiones en Jesús, para enterrarlas en Emaús y olvidarlas.

Estamos en pascua, tiempo de primeras comuniones y confirmaciones. Admira la entrega tan llena de ilusión y esperanzas con que numerosos catequistas han ido sembrando en niños y jóvenes la semilla del amor a Jesús. Conmueven el candor con que los niños y la ilusión con que los jóvenes prometen seguir viviendo la amistad de Jesús y su compromiso de seguirle e imitarle; pero, pasa un tiempo, a veces muy corto, y una gran mayoría de ellos olvidan sus promesas y la amistad que tanto les ilusionaba. Se alejan de Jesús. Le olvidan.

Este hecho del abandono de la fe o de la práctica hace sufrir a padres, catequistas y sacerdotes;, con frecuencia, se sumen en el desánimo. ¡Habíamos puesto tantas esperanzas en que la semilla que sembramos, siguiera creciendo y diera frutos! Se tiene la sensación de haber fracasado en la tarea de la educación de la fe y surge la pregunta:: ¿Qué habremos hecho mal? Es el camino Emaús de la tristeza y del desaliento. Después de haber trabajado tanto, se tiene sensación de agotamiento y ganas de olvidar.

Emaús, camino de encuentro y de esperanza. En la revista Vida Nueva aparecía un artículo: ‘Y los jóvenes dejaron de ir a Misa … ¿Qué hacer?’ El articulista, después de contemplar ‘la fotografía de la realidad’, nos dice que no todo es negativo … No es el momento de derrotismo, como tampoco de las grandes masas. Abriendo los ojos, seguiremos contemplando el paso del Crucificado que vive por la vida de muchos jóvenes que le buscan.

Los desilusionados discípulos, al llegar a Emaús, apremian al ‘caminante’ a que se quede con ellos; Él entra, se sienta a la mesa y, cuando parte el pan, se les abren los ojos y reconocen que quien ha caminado a su lado, es Jesús. Este encuentre les transforma, hace revivir en ellos las esperanzas muertas y, sin dilación, rehacen presurosos el camino a Jerusalén para comunicar la noticia a sus compañeros. Emaús, camino del olvido, se torna, por el encuentro, en camino de esperanza.

Celebrar la Eucaristía es revivir el camino de Emaús: Jesús Resucitado, aunque nuestros ojos son sean capaces de reconocerlo, camina a nuestro lado y nos va iluminando con su palabra, para después, al compartir con nosotros el pan, abrirnos los ojos y enviarnos a que seamos alegres testigos de su Resurrección.

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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