Tercer Domingo de Cuaresma: Nuevas oportunidades

Tercer Domingo de Cuaresma: Nuevas oportunidades

El Evangelio nos habla   hoy de  dos acontecimientos desgraciados. El primero de ellos es la muerte de unos galileos a manos de Pilato y el segundo, el derrumbamiento de una torre que aplastó a dieciocho personas …

El Evangelio nos habla   hoy de  dos acontecimientos desgraciados. El primero de ellos es la muerte de unos galileos a manos de Pilato y el segundo, el derrumbamiento de una torre que aplastó a dieciocho personas.

   La mentalidad reinante era que la enfermedad y las desgracias eran castigo de Dios como consecuencia de haber pecado. Recordemos cómo en cierta ocasión los discípulos, al ver a un ciego de nacimiento, le preguntan a Jesús:      ‘Maestro, ¿por qué nació ciego este hombre? ¿Fue por un pecado suyo o de sus padres?’

   Esta forma de orientar las cosas aún subsiste y quedan resabios de ella aún hoy en día. No faltan quienes, ante un mal o una situación de dolor, se preguntan: ¿Me habrá castigado Dios?

   Jesús rompe con esta concepción de un Dios justiciero y castigador, y aprovecha la ocasión para invitarnos una vez más a la conversión, al cambio en nuestras vidas. Convertíos y creed el Evangelio se nos proponía como programa al iniciar la cuaresma al imponernos la ceniza.

   Todo acontecimiento de nuestra vida personal, de la sociedad o del mundo es como una invitación a ir eliminando de nosotros todo lo que nos aleja del querer de Dios (conversión), y a procurar que nuestra vida sea día a día fecunda en buenas obras como fue la de Jesús (creed el Evangelio).

   Jesús refuerza esta invitación proponiéndonos la parábola de la higuera infecunda. El dueño se siente profundamente decepcionado año tras año al no encontrar fruto. Su paciencia se colma; no quiere esperar más y manda cortarla. Interviene el viñador e intercede para que se le dé otra oportunidad.

   El mensaje de la parábola es claro. La higuera somos nosotros en quienes Dios tiene depositada su confianza; por eso, cabe preguntarse: ¿Defraudamos a Dios o damos los frutos que Él espera de cada uno de nosotros?

   Déjala todavía este año dice el viñador. No perdamos la esperanza. La seguiré cuidando aún con más esmero. La cuaresma, los sacramentos, la oración, el hermano, la comunidad, los acontecimientos de la vida … son como el cavar y el abonar del viñador; son otras tantas nuevas oportunidades que se nos ofrecen para que demos frutos. Dios siempre da una nueva oportunidad para que seamos fieles al Evangelio de Jesús.

 

Osvaldo Aparicio, ss.cc
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