TERCER DOMINGO DE ADVIETO: ‘Os lo repito, alegraos’

TERCER DOMINGO DE ADVIETO: ‘Os lo repito, alegraos’

‘Os lo repito, alegraos’

 

San Pablo (2ª lect.) nos repite con insistencia: Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. La fuente de la que nace nuestro gozo es la cercanía del Señor: El Señor está cerca …

‘Os lo repito, alegraos’

San Pablo (2ª lect.) nos repite con insistencia: Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. La fuente de la que nace nuestro gozo es la cercanía del Señor: El Señor está cerca. El salmo nos invita a gritar jubilosos porque el Señor es nuestro Dios y Salvador: sacaremos aguas con gozo de las fuentes de la salvación.

   La salvación que con gozo bebemos y que se derrama sobre la humanidad, es el amor misericordioso que, en la Navidad, va a hacerse patente en ese  niño  envuelto en pañales y recostado en un pesebre, expresión de la ternura de Dios.

   La ternura de Dios es lo que pretende hacernos vivir  el Año Jubilar de la Misericordia, que tiene como  lema MISERICORDIOSOS COMO EL PADRE. Jesús es el rostro en el que se refleja más plenamente la ternura misericordiosa de Dios. Nos dice el Papa en las primeras frases de la Bula con la que convocó este Año Jubilar: Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret.

   Decir que Jesucristo es el rostro de la misericordia de Dios equivale a señalar que es el rostro de su amor y de su bondad, de su dulzura y de su  ternura, de su clemencia y de su perdón; significa proclamar que Dios nos lleva en su corazón y que nos tiene apego como una madre siente apego por el hijo de sus entrañas.

   El gozar de la misericordia de Dios, nos invita a ser misericordiosos con los demás: Sed misericordiosos como vuestro Padre del cielo es misericordioso (Lc 6,36), dice Jesús. El Papa señala que la bienaventuranza en la que debe inspirarse el Año Santo es Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia (Mt 5,7).

   El evangelio de hoy cuenta que las gentes, ante la predicación de Juan Bautista, le preguntaban: ¿Qué tenemos que hacer? Es la misma pregunta que nosotros debemos plantearnos. La respuesta es sed misericordiosos, abriendo los ojos a las miserias del mundo y viviendo las obras de misericordia, como nos señala el Papa.

   Jesús tuvo un amor preferente por los pobres, pequeños y desvalidos, y se identifica con ellos: Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber … (Mt 25,35).

   Dar de comer al hambriento es la primera de las obras de misericordia. Esa es la razón por la que hemos querido celebrar también hoy el tradicional Día de los Desayunos de los Niños de Kinshasa. Son muchos los años que nuestra comunidad parroquial lleva adelante con cariño y esfuerzo este proyecto de colaboración con nuestros misioneros del Congo y Mozambique para que puedan dar de comer a un número muy considerable de niños africanos. Una vez más, con generosidad, vamos a vivir la obra de misericordia de dar de comer al hambriento.

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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