SEGUNDO DOMINGO TIEMPO ORDINARIO: ‘No tienen vino’

SEGUNDO DOMINGO TIEMPO ORDINARIO: ‘No tienen vino’

Dentro de la riqueza y simbolismos que encierra el Evangelio de las bodas de Caná, se puede resaltar la actitud de María, la madre de Jesús, invitada a la boda al igual que Jesús y sus discípulos. María se da cuenta de que el vino empieza a faltar en el banquete …

‘No tienen vino’

Dentro de la riqueza y simbolismos que encierra el Evangelio de las bodas de Caná, se puede resaltar la actitud de María, la madre de Jesús, invitada a la boda al igual que Jesús y sus discípulos. María se da cuenta de que el vino empieza a faltar en el banquete con el consiguiente bochorno y tristeza que ello conllevaría para los jóvenes esposos.

   María no se desentiende del problema, sino que intenta buscarle una solución. Acude a su Hijo y le dice sencillamente: No tienen vino. Jesús, siempre dispuesto a ayudar y a echar una mano donde haga falta, realiza el primero de los signos convirtiendo el agua en vino.

   San Juan, en su Evangelio, no emplea la palabra ‘milagro’, sino que siempre habla de ‘signos’ al referirse a las acciones especiales de Jesús, ya que  tales obras nos remiten siempre a una realidad más profunda que el gesto externo.

 

   La dimensión más profunda y superior que encierran los ‘signos’, es que revelan y manifiestan la ‘gloria’ de Jesús, la intimidad de su persona: él es el Hijo unigénito del Padre y en él se nos da a conocer todo el amor que Dios tiene a los hombres.

   El Evangelio pretende que nosotros, al igual que los discípulos, al ver los    

‘signos’ que Jesús realiza,  contemplemos su ‘gloria’ y creamos en él: Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

   Ante la falta de vino, María dice a los sirvientes: Haced lo que él os diga.

   ¿Qué nos dice ahora a nosotros Jesús ante  un mundo y  una sociedad en que falta la alegría que proporcionan el vino del amor y de  la fraternidad, el vino de la unidad y de la paz?

   La respuesta nos viene dada por la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado que hoy se celebra, y por la   Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que se inicia este lunes.

   Todos conocemos el angustioso y trágico momento que está viviendo la humanidad con los problemas de la emigración y de los refugiados, que huyen de su tierra acuciados por la violencia, la persecución y la guerra.

   La Jornada Mundial de las Migraciones  nos interpela a vivir el Evangelio de la Misericordia, invitándonos a tener una actitud de hospitalidad y respeto a la dignidad hacia los que vienen a nuestra tierra. Así reza el lema: Emigrantes y refugiados nos interpelan. La respuesta del Evangelio de la Misericordia. El papa, en su mensaje para esta Jornada, escribe: La revelación bíblica anima a la acogida del extranjero, motivándola con la certeza de que haciendo eso se abren las puertas a Dios, y en el rostro del otro se manifiestan los rasgos de Jesucristo.

   La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos nos invita este año  a que tomemos una mayor  conciencia de nuestra identidad común en Cristo a pesar de nuestras desuniones. Esta identidad común en Cristo debe animarnos a orar para que se haga realidad el deseo de Jesús de que todos seamos uno, también a trabajar para que superemos todo aquello que nos divide como cristianos, pues todos estamos destinados a proclamar las grandezas del Señor (cf 1 Pe 2, 9), como expresa el lema de la Semana de Oración.

 

 

 

 

 

                                                                                             

 

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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