SEGUNDO DOMINGO DESPUES DE NAVIDAD

SEGUNDO DOMINGO DESPUES DE NAVIDAD

Y  ACAMPÓ ENTRE NOSOTROS

 

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Nº 533 – 5 de Enero de 2020 – II después de Navidad  / A

 

JESÚS ES LA PALABRA DE DIOS

 La celebración de este domingo no resulta fácil. Se nota un cierto cansancio ante tanta fiesta en tan pocos días. Por otra parte, los textos litúrgicos hablan de una temática que suele ser muy poco familiar: Cristo, Sabiduría del Padre, Palabra personificada de Dios que se revela a los hombres.

Sin embargo estamos ante un domingo, ante el día del Señor por excelencia, por encima de las fiestas entre semana. Y un domingo que, dentro del encuadramiento de la Navidad, nos presenta una faceta muy hermosa del misterio de Cristo, una faceta que no tiene nada de abstracto ni de ideológico: el Dios Padre creador de todo, ha entrado en la historia concreta de los hombres por medio de la persona de su Hijo. Este Hijo ha sido anunciado en el Antiguo Testamento como la Palabra definitiva de Dios, una Palabra que se ha hecho carne y ha puesto su morada en medio de nosotros.

Para muchos esta Palabra, que es Cristo, no tiene sentido. Dios es un vago recuerdo de la infancia o una idea que surge ante la impotencia o el dolor. Dios está fuera de las preocupaciones y de los hábitos de muchos hombres. El ateísmo y la indiferencia religiosa no es ya un problema de unos pocos, es algo que afecta cada día a mayor número de hombres y mujeres. «Dios no sirve para nada», es un fenómeno de evolución cultural.

Y sin embargo los creyentes nos tenemos que enfrentar con esa falsa y utilitarista apreciación de Dios que estaría dispuesta a aceptarle como el recurso en los casos desesperados, o una agencia de seguros milagrosa. Frente a esta pobre idea de Dios, es preciso acercarse al testimonio de Jesús: «A Dios nadie le ha visto jamás, el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer» (Jn 1, 18).

Palabra de Dios

 

LECTURA DEL LIBRO DEL ECLESIASTICO 24, 1-12

 La sabiduría hace su propia alabanza, encuentra su honor en Dios y se gloría en medio de su pueblo. En la asamblea del Altísimo abre su boca y se gloría ante el Poderoso. «El Creador del universo me dio una orden, el que me había creado estableció mi morada y me dijo: “Pon tu tienda en Jacob, y fija tu heredad en Israel”. Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y nunca más dejaré de existir. Ejercí mi ministerio en la Tienda santa delante de él, y así me establecí en Sión. En la ciudad amada encontré descanso, y en Jerusalén reside mi poder. Arraigué en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad».

SALMO 147. R/. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.

 V/. Glorifica al Señor Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión. Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

 V/. Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz. R/.

V/. Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

LECTURA SE LA CARTA DE PABLO A LOS EFESIOS 1,3-18

Bendito sea el Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos. Él nos eligió en Cristo, antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor. Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado. Por eso, habiendo oído hablar de vuestra fe en Cristo y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.

ALELUYA… Gloria a ti, Cristo, proclamado en las naciones; gloria a ti, Cristo, creído en el mundo.. Aleluya.

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 1,1-18

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

 ACTUALIZACIÓN LITÚRGICA

La celebración eucarística es el momento en que los creyentes en el Dios Padre de Nuestro Señor Jesucristo «experimentan» lo que significa conocer a Dios a través de Jesús. La Palabra que se proclama es revelación, pero también lo es el Cuerpo y la Sangre del Señor que se come en caridad fraterna. Todos son llamados a alimentarse en este renovado banquete preparado por la Sabiduría de Dios.

La comunidad cristiana es depositaria y continuadora de la misión de Jesús. En la raíz del ateísmo y de la indiferencia de muchos está un insuficiente o nulo testimonio del mensaje cristiano. Se hace necesario mostrar el auténtico rostro de Dios en la vida profesional, familiar y social. Los cristianos están llamados a ser rostro de Cristo, a través de ellos se vislumbrará también rostro de Dios. Nutridos por el Pan de la vida (Palabra y Eucaristía) son testigos del que mora entre los hombres.

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