SEGUNDO DOMINGO DE NAVIDAD:

SEGUNDO DOMINGO DE NAVIDAD:

Durante todo el tiempo de la Navidad la liturgia va respondiendo a la pregunta que todos nos hacemos: ¿quién es este Niño que nos ha nacido? …

 

 

‘La Palabra se hizo carne

y habitó entre nosotros’

 

Durante todo el tiempo de la Navidad la liturgia va respondiendo a la pregunta que todos nos hacemos: ¿quién es este Niño que nos ha nacido?

   Cada uno de los evangelios, desde una perspectiva distinta, procura desvelarnos el misterio de Jesucristo, ‘transmitiéndonos lo que ha visto u oído para que creamos en Él’.

   El hermoso y profundo prólogo del evangelio de Juan es un himno de profesión de fe en la persona y misión de Jesús: El Niño que nos ha nacido, Jesús de Nazaret, es la Palabra eterna de Dios, que se hace hombre y habita entre nosotros.

   Jesús es la PALABRA. Así, con mayúsculas. Afirmar que Jesús es la Palabra de Dios, significa que Dios quiere hablar con nosotros, que desea restablecer el diálogo de amistad y de salvación, roto por el pecado.

   El Dios que se nos manifiesta en Jesús no es un Dios solitario, distante, lejano y mudo, que se desentienda de nuestros problemas; al contrario, el Dios manifestado en Jesús es Palabra, diálogo y comunicación, que nos ofrece su amistad y cercanía.

   Los profetas, en el Antiguo Testamento, recriminaban constantemente al pueblo su infidelidad al único Dios y se dejaran sugestionar por los ídolos, que nos son más que hechura de manos humanas: ‘¿Cómo pretendéis que esas figuras de madera o de piedra os respondan, pues tienen ojos y no ven, boca y no hablan? ¿Porqué sois tan insensatos depositando vuestra confianza en ellos y abandonáis al único Dios que es capaz de escucharnos y respondernos?

   Estas amonestaciones y preguntas de los profetas valen también para nosotros: ¿No nos dejamos, con frecuencia, seducir por los ídolos que la sociedad y nosotros mismos creamos y, por tanto, ‘hechura de manos humanas’?

   El Dios de Jesús es Palabra y Diálogo, Pregunta y Respuesta, Comunicación y Cercanía, que ‘se hace carne para habitar entre nosotros y poder dialogar con nosotros.

   Señala  hoy también  el evangelio que ‘vino a su casa y los suyos no lo recibieron’. ¿Lo recibimos y acogemos nosotros? ¿dialogamos, hablamos, nos comunicamos con Jesús, la Palabra?

   La segunda lectura de hoy, comienzo de la carta a los Efesios,  es también un precioso himno de bendición y agradecimiento a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,  porque en Él nos ha bendecido con toda clase de bienes espirituales y celestiales: El mayor de los bienes es que en su Hijo nos ha hecho hijos suyos. Somos hijos de Dios.

   Dice san Juan: ‘A cuantos recibieron la Palabra, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre’.

 

 

ENTRADA

   Tu palabra me da vida,

confío en Ti, Señor.

Tu palabra es eterna,

en ella esperaré.

   Dichoso el que con vida intachable

camina en la ley del Señor.

Dichoso el que guardando sus preceptos, lo busca de to corazón …

 

OFRENDAS: El camino que …

 

COMUNIÓN

¡Gloria a Dios  en las alturas

y en la tierra al hombre paz!,

así los ángeles cantan

de Belén en el portal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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