SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA: Del pesimismo a la esperanza

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA: Del pesimismo a la esperanza

La primera lectura, tomada del libro del Génesis, nos habla de la ‘prueba de Abrahán’ en el monte Moria, el monte de la fidelidad a Dios, preludio y figura del monte Calvario.

Entre el monte Moria y el monte Calvario, el evangelio nos lleva hoy al monte Tabor, el monte de la Transfiguración y de la esperanza …

Del pesimismo a la esperanza

 

   La primera lectura, tomada del libro del Génesis, nos habla de la ‘prueba de Abrahán’, en el episodio conocido como el sacrificio de Isaac. Este relato, al leerlo, siempre nos causa cierta incomodidad ya que no nos resulta comprensible que Dios pueda pedir a alguien que sacrifique a su hijo. Para descubrir el fondo y el contenido del relato hemos de tener en cuenta que pertenece al género literario de las sagas, tradiciones de familia que, en este caso, pretende transmitirnos el espíritu y la fidelidad de Abrahán  quien, a pesar de los pesares, siguió confiando en la promesa divina de que sería padre de un gran pueblo. Por eso, Abrahán es, también para los cristianos, padre de los creyentes, pues siguió confiando y esperando contra toda esperanza.

   Abrahán es el hombre ‘probado’ y que permanece fiel. El mismo autor del relato nos advierte que se trata de una prueba: Dios puso a prueba a Abrahán, dándonos a entender hasta dónde llega su fidelidad y obediencia.

   La respuesta de Abrahán a la llamada de Dios: ¡Aquí me tienes!, pone de relieve su dimensión espiritual y su actitud de auténtico creyente.

 

   Por ello, el monte Moria, el monte de la fidelidad a Dios, es preludio y figura del monte Calvario.

   La carta a los Hebreos pone en boca de Jesús estas palabras: ¡Aquí estoy para hacer tu voluntad! Jesús fue absolutamente fiel a su Padre Dios y a sus hermanos los hombres; por eso, el monte Calvario es la mayor expresión de un amor y de una fidelidad hasta el extremo.

   Entre el monte Moria y el monte Calvario, el evangelio nos lleva hoy al monte Tabor, el monte de la Transfiguración y de la esperanza.

   Jesús acaba de decir a sus discípulos: El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. El seguimiento de Jesús es camino duro y difícil; entraña mucha entrega y requiere mucha fidelidad. El cansancio, la desilusión, la desesperanza, la tentación  … pueden adueñarse de nosotros. Como a Pedro, a Santiago y a Juan nos lleva a nosotros al monte de la Transfiguración, que es como un anticipo de la Resurrección,  para hacernos comprender que la cruz nunca es el final, que tras la cruz siempre viene la luz: el monte de la Transfiguración es también el monte de la esperanza.

   Estamos viviendo la Cuaresma. El Papa nos advierte (E.G. 6): Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua. Y, en otro momento añade: ¡No nos dejemos robar la esperanza! (86)

   Vivir la esperanza que nos da la Transfiguración, debe llevar consigo  la escucha del Hijo amado del Padre. El evangelista añade que se formó una nube que cubrió a los discípulos, y salió una voz desde la nube: -<<Éste es mi Hijo amado; escuchadlo>>.

   Si queremos seguir de verdad a Jesús, imitar su ejemplo, ser fieles a Dios y a nuestros hermanos,  y vivir en la esperanza hemos de estar siempre a la escucha de Jesús.

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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