SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO: ‘Abrid las puertas para ser consolados y consolar’

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO: ‘Abrid las puertas para ser consolados y consolar’

‘Consolad, consolad a mi pueblo, habladle al corazón …’, ´éste es el mensaje que, en nombre de Dios, nos transmite hoy Isaías, el gran pprofeta del Adviento y de la Espertanza …

 

PALABRA DE DIOS

 

Lectura del libro de Isaías 40,1-3.9-11

‘Consolad, consolad a mi pueblo, -dice el Señor-;

hablad al corazón, gritadle, que se ha cumplido su servicio y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados’.

Una voz grita: ‘En el desierto preparadle un camino al Señor;  allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale.

   Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos  -ha hablado la boca del Señor-‘.

Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza la voz fuerte, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá:  ‘Aquí está vuestro Dios.  Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo los reúne,  toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres’.-

 

Salmo responsorial 84 R/. Marana tha, ¡ven, Señor Jesús! (2).

*Voy a escuchar lo que dice el Señor: /  ‘Dios anuncia la paz a su pueblo

  y a    sus amigos’. / La salvación está ya cerca de sus fieles, /

  y la gloria habitará en nuestra tierra.

*La misericordia y la fidelidad se encuentran,  / la justicia y la paz se besan;

  la fidelidad brota de la tierra y la justicia mira desde el cielo.

*El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto.

  La justicia marcharán ante él, la salvación seguirá sus pasos.

 

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro 3,8-14

   Queridos hermanos: No perdáis de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.

   El día del Señor llegará como un ladrón. Entonces el cielo desaparecerá con gran estrépito; los elementos se desintegrarán abrasados, y la tierra con todas sus obras se consumirá. Si todo este mundo se va a desintegrar de este modo, ¡qué santa y piadosa ha de ser vuestra vida!

   Esperad y apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos,

consumidos por el fuego, y se derretirán los elementos. Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia.  Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables.-

 

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos .1,1-8

    Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

    Está escrito en el profeta Isaías: ‘Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: ‘Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos».Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán.Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: -Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.-

 

 

COMENTARIO

‘Abrid las puertas para ser consolados y consolar …’

 

 

‘Consolad, consolad a mi pueblo, habladle al corazón’, éste es el mensaje que, en nombre de Dios, nos transmite hoy Isaías, el gran profeta del Adviento y de la esperanza. Él nos anuncia que Dios viene a curarnos y consolarnos, hablándonos al corazón.

Por eso, el lema de este segundo domingo de Adviento es ‘Abrid las puertas para ser consolados y consolar …’ Dios promete consolarnos y aliviar nuestras penas, y nos pide que sepamos transmitir consuelo a los demás.

 

PARA SER CONSOLADOS. A veces cargamos las tintas en la actitud que debemos tener hacia los demás, en este caso en la exigencia del practicar la obra de misericordia de  ‘consolar al triste’; pero, ¿es que nosotros no estamos necesitados de consuelo? ¿no hay también mucha pena y tristeza, dolor y desconsuelo en lo hondo de nuestro corazón? El  mensaje de consuelo que nos trae el Adviento es también para nuestro corazón herido y nos pide que abramos sus puertas para que el Señor derrame el bálsamo de su consuelo en cada uno de nosotros.

 

‘Consolad, consolad a mi pueblo, habladle al corazón …’ El pueblo de Israel estaba atravesando uno de los momentos más duros y desconsoladores de su historia. Destruido el templo y Jerusalén, se encuentra desterrado en Babilonia lejos de su patria. El dolor y el sufrimiento, la desilusión y la desesperanza se han apoderado del corazón del pueblo; por eso, Dios manda al profeta para que hable  al corazón herido del pueblo y que con su palabra derrame consuelo para que abra las puertas a la esperanza porque su Señor viene a salvarlos: ‘Aquí está vuestro Dios. Mirad el Señor llega con poder … Como un pastor que apacienta a su rebaño, su brazo los reúne, toma en brazos a los corderos y hace recostar a las madres’.

El adviento nos pide que abramos nuestro corazón al consuelo del Señor. Es Jesús mismo quien nos dice: ‘Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré’; ‘Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados’.

 

PARA CONSOLAR. Transmitir consuelo a los demás es la segunda dimensión del mensaje de este domingo. Hay mucho dolor y desconsuelo en nuestro alrededor. No es preciso insistir en ello. Lo vemos, lo palpamos y lo sufrimos: en la familia, en nuestros vecinos, en el ambiente, en la sociedad. La pobreza, la enfermedad, la edad, la violencia, la injusticia … son fuente de gran desconsuelo. En ese ambiente dolorido y enfermo la Iglesia, la parroquia y cada uno de los cristianos hemos de ser bálsamo y portadores consuelo. Vivir el Adviento es abrir las puertas para recibir consuelo y para dar consuelo a los demás. 

 

 

                                                                                    

 

Osvaldo Aparivcio, ss.cc.