SANTOS DEL DÍA: JOSEFINA BAKHITA – JERÓNIMO EMILIANI

SANTOS DEL DÍA: JOSEFINA BAKHITA – JERÓNIMO EMILIANI

SANTA JOSEFINA BAKHITA, VIRGEN

 

 

De niña nunca se había puesto un vestido hasta el día en el que fue secuestrada por dos comerciantes árabes de esclavos, que aparecieron de la nada en los campos, cerrándole el paso y obligándola a marcharse con ellos, amenazándola con un cuchillo, como se roba a una gallina de un gallinero. Aquel día en el que su vida se convirtió en una pesadilla, la pequeña de 9 años por miedo, olvidó todo, incluso su propio nombre y el de sus padres con quienes vivía serenamente.

 

 

Esclava

 

Por ello, los traficantes de esclavos decidieron llamarla «Bakhita», que significa “afortunada”, un nombre atroz que sonaba a burla para aquella pequeña que se había convertido en una mercancía que pasaba de mano en mano en los mercados de El Obeid y Khartoum. Un día, mientras prestaba servicio para un general turco, le hicieron un “tatuaje” grabado a fuego en su piel, con 114 cortes que fueron cubiertos de sal para que la herida cicatrizara con relieve.

 

La Luz

 

Bakhita sobrevive a todo esto y un día un rayo de luz ilumina aquel infierno. El comerciante italiano Calixto Leganini la compra en 1882, y fue así que por primera vez Bakhita fue tratada bien, poniendo fin a 10 años de inhumana brutalidad sometida como esclava. Dos años más durará este oasis de felicidad con el funcionario que la trata con afecto, hasta que este se ve obligado a regresar a su hogar bajo la presión de la revolución mahdista. Bakhita recordará posteriormente ese preciso momento en el que se dijo: «Atrévete a pedirle que te lleve a Italia con él». Calixto acepta y en 1884 aterriza en la península donde a la pequeña “ex esclava”, le aguarda un destino inimaginable. Se convierte en la niñera de Alice, hija del matrimonio Michieli, amigos de los Leganini, que viven en Zianigo, municipio de Mirano Veneto.

 

La Hermana Morena

 

En 1888 la pareja que la aloja debe partir rumbo a África y durante 9 meses, Bakhita y Alice se quedan a cargo de las Hermanas Canossianas de Venecia.  Después de revestirse el cuerpo, Bakhita también comienza llenarse el alma. Conoce a Jesús, aprende el catesismo y el 9 de enero de 1890 recibe el Bautismo, la Comunión y Confirmación de manos del Patriarca de Venecia, adoptando el nombre de Josefina, Magarita, Fortunata. En 1893 entró en el noviciado de las Canossianas, tres años después profesó sus votos, y durante 45 años fue cocinera, sacristán y sobre todo vigilante del convento de Schio, donde aprendió a conocer a la gente y la gente a apreciar la suave sonrisa, bondad y la fe de esta “hermana morena”, tal y como la llamaban muchos, cariñosamente.

 

Besar las manos de aquellos traficantes

 

Para toda la comunidad de Schio fue una jornada de luto cuando Josefina Bakhita murió el 8 de febrero de 1947 a causa de una pulmonía. “Afortunada” de verdad fue su vida, tal y como ella misma lo diría en varias ocasiones: “Si encontrara a aquellos traficantes de esclavos que me secuestraron, e incluso a aquellos que me torturaron, me arrodillaría y les besaría las manos, porque, si aquello no hubiera sucedido, no sería ahora cristiana ni religiosa”.

 

 

SAN JERÓNIMO EMILIANI, FUNDADOR DE LOS SOMASCOS,

PATRÓN DE LOS HUÉRFANOS Y DE LA JUVENTUD ABANDONADA

 

«Empieza ahora y sé quien serás en el futuro»

 

Cuarto hijo de la noble y caduca familia de los Emilianos, como la mayoría los jóvenes venecianos del 1500, Jerónimo soñaba con una carrera militar, sobre todo porque era la más rentable. Las noticias sobre su vida antes de alistarse en 1509 son muy escasas; se sabe, sin embargo, que cuando tenía unos diez años sufrió mucho debido a que su padre se suicidó.

 

Encarcelamiento y conversión

 

En 1511, durante el asedio de la Fortaleza de Castelnuovo di Quero, a lo largo del río Piave, cayó prisionero del enemigo y la experiencia de la detención, aunque sólo duró 30 días, lo cambió profundamente. En medio del hambre, del dolor y del temor por su vida, Jerónimo buscó y encontró las palabras para volver a rezar y dirigió sus peticiones específicamente a Nuestra Señora, a quien prometió cambiar su estilo de vida a cambio de la libertad. Una vez liberado de la prisión, encontró refugio en Treviso, y para cumplir el voto que hizo a Nuestra Señora le confió a un sacerdote el estado de su ánimo, quien le aconsejó acercarse a frecuentar los sacramentos y leer con ahínco la Palabra de Dios. La providencia divina lo ayudó así a cambiar su mente y su corazón.

 

Su servicio a los últimos

 

La primera oportunidad que Jerónimo tuvo para probar su renovada identidad fue durante la epidemia de peste que azotó Venecia en 1528. Con un grupo de voluntarios viajó por la ciudad para llevar consuelo a los enfermos y puso a su disposición todos sus bienes. Él mismo se infectó con la peste pero la superó por efecto de una prodigiosa sanación. Así comenzó su camino de heróica caridad que siempre se dirigió a los más necesitados, empezando por los pobres, las prostitutas, pero sobre todo los huérfanos.

 

Dedicación de su vida a los huérfanos

 

Cuando su hermano Lucas murió dejando huérfanos a sus tres sobrinos, Jerónimo se hizo cargo de ellos y fue allí donde tuvo la nueva intuición de la vida: crear una asociación que se ocupara de los jóvenes que se habían quedado sin familia y que se ocupara de su educación. Así, en 1533 fundó en Bérgamo la Compañía de los Siervos de los Pobres, dedicada a la protección de los huérfanos de guerra, de los más débiles e indefensos: para ellos Jerónimo creó una escuela de artes y oficios a la que asoció la enseñanza del catecismo, siguiendo un método innovador para la época que tenía como programa fundamental la oración y el trabajo como los principios fundamentales que ennoblecen a la persona.

 

Su muerte y la difusión de la obra

 

Jerónimo murió por la peste en 1537, fue canonizado en 1767 y desde 1928 es el santo patrón de la juventud abandonada. Con el tiempo, la Compañía original se convirtirá en una Congregación y en 1568 Pío V la elevará a Orden. Sus religiosos se llamarán Clérigos Regulares de Somasca, que era el lugar que el Arzobispo de Milán había asignado a Jerónimo y desde el que todo había comenzado. En el carisma de los Somascos María es venerada como «Mater orphanorum«.

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