SANTA MARIA MAGDALENA – JUEVES DE LA XVI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

SANTA MARIA MAGDALENA – JUEVES DE LA XVI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Santa María Magdalena

Santa María Magdalena es considerada una de las principales discípulas de Jesús de entre todas las mujeres que seguían al Señor. Ella fue la primera en encontrarse con el Resucitado y en anunciar la Buena Nueva a los discípulos. Por esa razón es considerada Patrona de la Orden, y reconocida en la Liturgia como «Apóstol de los Apóstoles»

Se llamaba Miriam y era de Magdala, una ciudad situada en la orilla Oeste del lago de Galilea, entre Tiberíades —sede de la corte de Herodes Antipas— y Cafarnaúm —centro del ministerio de Jesús—. Su ciudad era una localidad más importante que Cafarnaúm; contaba con una gran flota pesquera y una importante industria de salazón.

María Magdalena fue una de las mujeres que formaban parte del grupo de discípulos de Jesús. Los Evangelios son parcos en menciones, pero, a pesar de todo ello, podernos encontrar una serie de rasgos con los que presentan a esta mujer: discípula, testigo, receptora de la primera aparición del resucitado, mujer relevante entre las mujeres y en la comunidad.

María Magdalena se había encontrado con Jesús en Galilea, por allí le siguió y le escuchó, le observó y aprendió, convirtiéndose así en testigo cualificada de su enseñanza y de su actuación. Aprendió cómo era ese Dios del que Jesús hablaba en sus parábolas; aprendió y vivió, en el grupo de Jesús, los nuevos valores que éste proponía para que guiaran la vida y las relaciones entre las personas, y entre éstas y Dios; también asistió a las curaciones, signos de la llegada del reinado de Dios, efectos de su presencia humanizadora manifestada en Jesús.

Como parte del grupo de discípulos acompañó, por pueblos y aldeas, a Jesús en su proclamación de la llegada del reinado de Dios como buena noticia de salvación y liberación, de humanización plena para todas las personas, pero especialmente para los pobres y oprimidos, para los sin honor y los despreciados. Buena Noticia que ella misma pudo experimentar y proclamar existencialmente, pues había sido tratada corno persona con posibilidad de optar y decidir, y al ser liberada de los esquemas estrechos en que las normas socio-religiosas del momento encasillaban a las personas, y de una forma especial a las mujeres. El encuentro con Jesús había transformado su vida.

Otro rasgo con el que es presentada María Magdalena en los relatos evangélicos es el de testigo. Junto con sus compañeras asiste a la muerte de Jesús y a la suerte que corre su cuerpo (Mc 15, 40-47; Mt 27, 55-61; Lc 23, 49-56; jn 19, 25). Aquella primavera, María Magdalena subió a Jerusalén con ,Jesús y el resto del grupo para celebrar la pascua sin saber que iba a ser la última. Una vez en la ciudad, los acontecimientos se precipitaron y ella asistió a la oposición creciente de las autoridades religiosas respecto a Jesús. Aquellos días y lo que en ellos sucedió, junto a lo que había vivido en Galilea, hicieron de ella una testigo cualificada para los que más tarde iban a confesar a Jesús como el que había de venir. Ella, junto a las otras mujeres del grupo, siguió a Jesús camino de Calvario y permaneció en el lugar de la ejecución —confundida entre la gente, quizá disimulando su rabia, su impotencia y su profundo dolor.

Ella asistió a las últimas horas agónicas de Jesús; testigo silenciosa, junto a las demás, y en ausencia de los discípulos varones que habían optado por alejarse del lugar, permaneció hasta el final, continuando el seguimiento que había iniciado en Galilea. Cuando Jesús expiró no abandonó el lugar hasta saber qué pasaba con el cuerpo del Maestro. Las mujeres dan mucha importancia a los cuerpos. También Jesús la había dado. Cuando supo dónde habían puesto a Jesús volvieron a la ciudad, pensando en volver. Ella, junto a las demás, se convirtió así en testigo de la muerte y sepultura de Jesús. Irónicamente, las mujeres que no podían ser testigos en la sociedad, se convertían en las únicas con que podía contar la comunidad para recordar las últimas horas de vida de Jesús.

Según Mateo (28, 9-10) y Juan (20, 14-18), ella es receptora de la primera aparición del Resucitado, bien sola o bien con la otra María (Mt). Su persistencia y valentía, nacidas del cariño y de la experiencia existencial de liberación transformadora, le hicieron volver al sepulcro. Lo que se vive en niveles tan profundos de la existencia no se olvida ni desaparece, sino que se transforma y posibilita nuevos horizontes, crea nuevas realidades más allá de fronteras y límites. María Magdalena recibió la aparición del Resucitado, y el conocimiento de que Jesús estaba vivo, de que la muerte no había Podido con él y había sido resucitado.

Otro de los rasgos importantes es el de su relevancia en la comunidad y su preminencia en el grupo de las mujeres. La importancia y relevancia de María Magdalena en la comunidad, y en concreto para algunos grupos, aparece reflejada también en los escritos apócrifos y en los de otros escritores eclesiásticos.

Carmen Bernabé Ubieta. Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director), Colección Nuevo Año Cristiano de EDIBESA.

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 1-2. 11-18

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al señor y no sabemos dónde lo han puesto». Estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!». Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”». María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».

Reflexión del Evangelio de hoy

“Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»

Tanto la primera como la segunda lectura tienen como idea central la del imperioso deseo de todo el que ama de disfrutar de la presencia de la persona amada. Es lo que pide el amor. “Así dice la esposa: en mi cama, por la noche, buscaba al amor de mi alma”. Y es lo que bullía en el corazón de María Magdalena, incluso después de la muerte de Jesús, a quien acompañó hasta el pie de la cruz, la persona a la que más amaba. Por eso, el primer día de la semana, al amanecer, fue al sepulcro donde habían sepultado a Jesús, en busca de la presencia de su amado, de su amado muerto en la cruz.

Jesús resucitado sale a su encuentro y contempla llorando a María por culpa de su ausencia. Aunque en un primer momento no le reconoce, Jesús le pregunta cuál es la causa de su llanto y a quién busca. Bien sabía Jesús resucitado que le buscaba a él y lloraba su ausencia. María, cómo no, recibe una gran alegría cuando descubre que es Jesús el que le habla. Y recibe el encargo de comunicar a los apósteles lo que acaba de ver y de oír.

Buena lección la que nos brinda María Magdalena también a nosotros cristianos del siglo XXI. Siempre, en todos los momentos de cada día, hemos de buscar disfrutar de la presencia de Jesús, nuestro amor primero y al que más amamos. Si por lo que fuere, pensamos que Jesús se ha alejado de nosotros o nosotros de él, volvamos con todas nuestras fuerzas a buscarle… seguros que saldrá a nuestro encuentro como hizo con María Magdalena.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P. Convento de Santo Domingo (Oviedo)

 

 

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