Santa María, Madre de Dios

Santa María, Madre de Dios

María, Madre de la Misericordia y Reina de la Paz

En la octava de la Navidad, celebrando la fiesta de SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS,  la Iglesia pone de relieve el papel tan relevante que la Virgen María juega en la Historia de la Salvación …

  

 

María, Madre de la Misericordia y Reina de la Paz

En la octava de la Navidad, celebrando la fiesta de SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS,  la Iglesia pone de relieve el papel tan relevante que la Virgen María juega en la Historia de la Salvación.

   El evangelio narra la adoración de los pastores, que se convierten en los primeros misioneros y propagadores de la Buena Noticia que para los hombres es  el Niño que acaba de nacer: Todos los que lo oían, se admiraban de lo que habían dicho los pastores, y añade: María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.  La Virgen, al aceptar ser madre de Jesús, se compromete a colaborar activamente en la misión de su Hijo.

   2016 es el Año de la Misericordia y hoy, en su primer día, se celebra la Jornada Mundial de la Paz. Jesús, el hijo de María, es el Rostro de la misericordia del Padre y el Príncipe de la Paz; por ello, su madre María es la Madre de la Misericordia y la Reina de la Paz.

   María es Madre de la Misericordia no solo porque llevó a Jesús en sus entrañas, sino porque lo acompañó a lo largo de su vida hasta el pie de la cruz, siendo testigo de que la misericordia del Hijo de Dios no conoce límites y alcanza a todos sin excluir a ninguno (MV, 24). Mucho es el dolor que hay en nuestras vidas y grande es el sufrimiento de nuestro mundo. El papa nos recomienda que elevemos nuestros ruegos a María para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga dignos de contemplar el rostro de la misericordia, su Hijo Jesús (MV, 24).

   María es Reina de la Paz por ser madre de Jesús, nuestra paz: Porque Cristo es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos uno solo, destruyendo el muro de enemistad que los separaba (Ef 2, 14). Jesús, nuestra paz, en el programa que nos propone a sus seguidores declara: Dichosos los que construyen la paz, porque serán llamados hijos de Dios (Mt 5, 9).                          

   El lema de la Jornada de la Paz de este año es: VENCE LA INDIFERENCIA Y CONQUISTA LA PAZ. En su mensaje el papa nos señala que el camino para conquistar la paz es vencer la indiferencia; una indiferencia  que ha superado el ámbito individual y ha alcanzado una dimensión global: globalización de la indiferencia.

   La primera forma de indiferencia en la sociedad humana, concreta el papa, es la indiferencia ante Dios, ya que  el hombre se siente autosuficiente y pretende prescindir de Dios. Lo cierto es que, con enorme frecuencia, nuestro ambiente pasa de Dios y de la dimensión trascendente de la persona.

   De esta indiferencia brota también la indiferencia hacia el prójimo. Estamos saturados de información y por  los medios de comunicación conocemos las situaciones dramáticas que afligen a la humanidad; pero hay quienes no se sienten concernidos, ni comprometidos, ni viven la compasión: Cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen …Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien.

   El papa nos pide que convirtamos el corazón y pasemos de la indiferencia a la misericordia; que no pasemos de largo, sino que, como el buen samaritano, nos acerquemos a las heridas de los demás para curarlas: En el espíritu del Jubileo de la Misericordia, cada uno está llamado a reconocer cómo se manifiesta la indiferencia en la propia vida, y a adoptar un compromiso concreto para contribuir a mejorar la realidad donde vive, a partir de la propia familia, de su vecindario o el ambiente de trabajo.

 

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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