SANTA MARÍA MADRE DE DIOS Y JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ: ‘nO esclavos, sino hermanos’

SANTA MARÍA MADRE DE DIOS Y JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ: ‘nO esclavos, sino hermanos’

Como hoy es la octava de la Navidad, la liturgia destaca el papel tan importante que María Virgen tiene en la Historia de la Salvación: celebramos la fiesta de de SANTA MARÍA MADRE DE DIOS …

Se celebra también hoy la Jornada Mundial de la Paz: ‘No esclavos, sino hermanos’ …

Como es la octava de la Navidad, la liturgia  destaca el papel tan importante que María Virgen tiene en la Historia de la Salvación. Gracias a su ‘SÏ’ el Hijo de Dios se hace hombre y es el  ENMANUEL, el Dios-con-nosotros. Nos lo recuerda san Pablo en su carta a los Gálatas: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer; por eso, celebramos la fiesta de SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS.

El ‘hágase en mí según tu palabra’ de María abre el camino para que nosotros seamos también  hijos de Dios, de tal forma que nos dice san Pablo: Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: <<¡Abbá! Padre>>.

El mismo Pablo saca la consecuencia de esta insospechada realidad: Así que ya no eres esclavo, sino hijo.

Si la Navidad nos anuncia la buena noticia de que todos somos hijos y no esclavos, está proclamando al mismo tiempo la fraternidad universal: ¡Todos somos hermanos!  Jesús nos dirá: Uno solo es vuestro Padre … y vosotros sois hermanos (Mt 23, 8-9). Hermanos que estamos llamados a vivir en paz y en comunión: ¡Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor!

Ya desde Pablo VI se celebra en esta fiesta la Jornada Mundial de la Paz, que este año, en sintonía con la carta a los Gálatas, lleva como lema: ‘NO ESCLAVOS, SINO HERMANOS’.

En su mensaje para esta Jornada de la Paz el Papa Francisco comienza haciendo una llamada a que consideremos a todos los hombres ‘no esclavos, sino hermanos’, y en un recorrido por la historia señala que, ya desde sus inicios, el hombre rechaza por el pecado la comunión fraterna, dando así origen a la ‘cultura de la esclavitud’. Prosigue diciéndonos que, aunque la esclavitud haya sido abolida del derecho, sin embargo son múltiples los rostros de la esclavitud que hay en nuestros días: trabajadores y trabajadoras, incluso menores, oprimidos; creciente y dolorosa emigración; esclavitudes sexuales; explotación y abuso de niños y niñas; tráfico de niños y adultos para comercio de órganos; niños reclutados como soldados o para la mendicidad, para la producción y venta de drogas; personas secuestradas por grupos terroristas …

La Biblia nos dice que la paz es obra de la justicia. Si la esclavitud es la mayor de las injusticias contra la persona, mientras siga habiendo esclavitudes, la paz será imposible.

Continúa señalando el Papa que la esclavitud hoy en día es un fenómeno de tales dimensiones que sobrepasa la competencia de una sola comunidad o nación. Debe existir un compromiso común y una movilización comparable al mismo fenómeno de la esclavitud y hace un llamamiento urgente a todos los hombres de buena voluntad y a todos los que , de lejos o de cerca, incluso en los más altos niveles de las instituciones, son testigos del flagelo de la esclavitud contemporánea, para que no sean cómplices de este mal, para que no aparten los ojos del sufrimiento de sus hermanos y hermanas de la humanidad, privados de libertad y dignidad, sino que tengan el valor de tocar la carne sufriente de Cristo, que se hace visible a través de los numerosos rostros de los que él mismo llama <<mis hermanos más pequeños>>.

Termina el Papa lanzándonos esta pregunta: Sabemos que Dios nos pedirá a cada uno de nosotros: <<¿Qué has hecho con tu hermano>>? (ver Gn 4,9-10)

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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