Sagrada Familia: ‘La familia, hogar que acoge, acompaña y sana’

Sagrada Familia: ‘La familia, hogar que acoge, acompaña y sana’

 Festividad  de la  Sagrada Familia. La Navidad nos invita a agradecer a Dios que se haya hecho carne y haya puesto su morada entre nosotros. El Amor de Dios se ha hecho visible y palpable  en la ternura de un niño, nacido en un portal…

   Festividad  de la  Sagrada Familia. La Navidad nos invita a agradecer a Dios que se haya hecho carne y haya puesto su morada entre nosotros. El Amor de Dios se ha hecho visible y palpable  en la ternura de un niño, nacido en un portal.

   Pero, si Dios se ha hecho niño, es con todas las consecuencias; por eso, nos dice hoy el Evangelio que  el niño ‘iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría…’ en el seno de una familia donde se sintió acogido, cuidado y acompañado por sus padres María y José.

Este año, en la fiesta de la Sagrada Familia, se nos propone el siguiente lema: La familia, hogar que acoge, acompaña y sana.

   Pero, ¿cómo vivir en nuestras familias el ambiente que se respiraba en el hogar de Nazaret?

   San Pablo en la carta a los Colosenses (2ª lect.) nos ha marcado el camino. No propone un programa en el que  desgrana las actitudes que deben reinar en la vida familiar y en la eclesial. Este programa sería importante que lo revisáramos, en familia –padres e hijos- y también en la comunidad cristiana,  a menudo y con calma.

   El programa podemos resumirlo en tres actitudes:

1ª Actitud de amor: Nos dice san Pablo: ‘Y por encima de todo, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta’.

    El amor debe reinar entre los esposos; para ello, el amor debe renovarse día a día en el diálogo y en la comunicación. Cuando los silencios entre los esposos se hacen espesos y se prolongan, el amor peligra. ¿Sabemos dialogar y escucharnos?

   Un amor que debe traducirse en gestos concretos de bondad entrañable, de dulzura, de delicadeza, de comprensión, de aceptación mutua, de humildad, de paciencia… ¿Se tiene detalles con la esposa o con  el esposo? El programa insiste en algo esencial y que se deriva del amor verdadero: el perdón: ‘Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo’. ¿Sabemos pedirnos perdón?

   Amor entre padres e hijos, y entre los hermanos:  Es innegable que cuando los hijos crecen, las relaciones y la convivencia se complican y, a veces, se van diluyendo. El verdadero amor debería arrojar luz y bálsamo sanador que curase las posibles heridas entre los esposos o entre padre e hijos y, también entre  y entre los hermanos. ¡Qué difícil resulta en ocasiones el amor entre los hermanos!

   Hoy día, en que la vida se va alargando tanto, es necesario insistir en las recomendaciones que nos hace el libro del Eclesiástico (1ª lect.) respecto al cuarto mandamiento: ‘Hijo, cuida de tu padre (y de tu madre) en su vejez y durante su vida no le causes tristeza. Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él…’   

   ¿Cuidamos de nuestros padres mayores?

2ª Actitud de paz: san Pablo nos dice: Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo. Si la paz de Cristo reina en el corazón de cada uno de los miembros de la familia, ello hará que se busque la armonía en  la convivencia familiar y ayudará a superar los conflictos, diferencias y mentalidades.

   ¿Es nuestro hogar un remanso de paz o se vive en la tensión?

3ª Actitud de fe y oración: San Pablo nos dice que ‘la Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza…’ Y añade: Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos y cánticos inspirados‘; en otras palabras, nos está diciendo que en la familia cristiana tiene que ser una ‘iglesia doméstica’, familiar, en la que se vive la fe explícitamente y en la que se reza en común. ¿Hemos olvidado aquel dicho de que la familia que reza unida, permanece unida?

 

   Si vivimos estas actitudes, nuestra familia será un  hogar que acoge, acompaña y sana.

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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