SÁBADO DE LA SEMANA XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B

SÁBADO DE LA SEMANA XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B

PALABRAS DEL SANTO PADRE

“La verdadera protagonista de esta parábola es precisamente la semilla, que produce mayor o menor fruto según el terreno donde cae. […] Esta parábola habla hoy a cada uno de nosotros, como hablaba a quienes escuchaban a Jesús hace dos mil años. Nos recuerda que nosotros somos el terreno donde el Señor arroja incansablemente la semilla de su Palabra y de su amor. ¿Con qué disposición la acogemos? Y podemos plantearnos la pregunta: ¿cómo es nuestro corazón? ¿A qué terreno se parece: a un camino, a un pedregal, a una zarza? Depende de nosotros convertirnos en terreno bueno sin espinas ni piedras, pero trabajado y cultivado con cuidado, a fin de que pueda dar buenos frutos para nosotros y para nuestros hermanos”. ÁNGELUS 13 de julio de 2014

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas 8, 4-15

En aquel tiempo, habiéndose reunido una gran muchedumbre y gente que salía de toda la ciudad, dijo Jesús en parábola: «Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso y, después de brotar, se secó por falta de humedad. Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, la ahogaron. Y otra parte cayó en tierra buena y, después de brotar, dio fruto al ciento por uno». Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga». Entonces le preguntaron los discípulos qué significaba esa parábola. Él dijo: «A vosotros se os ha otorgado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los demás, en parábolas,” para que viendo no vean y oyendo no entiendan”. El sentido de la parábola es este: la semilla es la palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al oír, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre abrojos son los que han oído, pero, dejándose llevar por los afanes y riquezas y placeres de la vida, se quedan sofocados y no llegan a dar fruto maduro. Lo de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia».

 

Reflexión del Evangelio de hoy

«La guardan y dan fruto con perseverancia»

En este relato, San Lucas nos propone la parábola del sembrador. Ahí vemos dos formas de relacionarnos con Dios y en función de esa relación así acogemos su Palabra. Una es la de la gente que escucha la palabra. De entre ellos no sabemos quién es camino, piedra, zarzas o tierra buena. Lo que sabemos es que están ahí como una masa anónima que no tienen cercanía con Jesús, ni se aproximan más de lo que están. Otra forma de relacionarnos con el Señor es la de los discípulos que con toda sencillez y confianza le preguntan a su Maestro y se encuentran con que les revela los secretos del Reino de Dios. Esto significa que hay una relación de amistad íntima. Un secreto no se le confía a cualquier persona.

Esa diferencia de relación es una forma de prepararse para acoger la Palabra de Dios. Por regla general, a una persona que consideramos importante no sólo la escuchamos con atención, sino que nos tomamos muy en serio lo que nos dice. Esa relación prepara nuestro terreno, es decir, nuestra vida. Es el arado y abono que necesitamos. Luego está la semilla. Esa Palabra que Dios nos da viene con un regalo. Ese regalo es la fe. Además de creer esa semilla hay que regarla a diario, cuidarla y tratarla para que dé fruto. Cada nueva cosecha conlleva reanudar ese ciclo. No podemos vivir de las rentas, ni de la siembra del año pasado. Toda la vida debemos tenerlo presente, de lo contrario, la tierra buena se puede estropear.

¿Cómo hacerlo? ¿Cómo la cuidamos?

Necesitamos dedicarle tiempo a esa amistad con Dios mimando la oración, recibiéndolo frecuentemente y llevándolo a todas partes con nuestro testimonio. Tenemos que implicarnos, no ser espectadores.  No te conformes con ser muchedumbre cuando puedes ser discípulo. No dejemos que la rutina, las preocupaciones, el trabajo, nos roben ese privilegio. Piensa que, a tu familia, a tus amigos y a lo que consideras importante les haces siempre un hueco, pero hay uno que merece ser tu prioridad. ¿Cuánto le dedicas? Hoy es buen día para que lo examines.

MM. Dominicas – Monasterio de Santa Ana (Murcia)

 

Parroquia Sagrados Corazones
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