SÁBADO DE LA PRIMERA SEMANA DE ADVIENTO – CICLO

SÁBADO DE LA PRIMERA SEMANA DE ADVIENTO – CICLO

PALABRAS DEL SANTO PADRE

Esta petición de Jesús es siempre válida. Siempre debemos orar al “dueño de la mies”, que es Dios Padre, para que envíe obreros a trabajar en su campo, que es el mundo. Y cada uno de nosotros lo debe hacer con un corazón abierto, con una actitud misionera; nuestra oración no debe limitarse solo a nuestras peticiones, a nuestras necesidades: una oración es verdaderamente cristiana si también tiene una dimensión universal. ÁNGELUS 7 de julio de 2019

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 35-10, 1. 5a. 6-8

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia. Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies». Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».

 

Reflexión del Evangelio de hoy

Ve, y predica

“Jesús se compadeció” de aquella gente que se reunió en torno a él porque vagaba desorientada y solitaria; buscaba un guía que le congregara. Esa muchedumbre corresponde a muchos cristianos encerrados en sí mismos, a pesar de sus rezos y prácticas religiosas. Cristo quiere liberarnos para hacernos liberadores. La primera mediación es la comunidad. El que nos reunamos junto a él no sólo reunidos, sino también unidos a escuchar su palabra y compartirla, Y vivir así como hermanos.

Jesús libera y convierte en hombres nuevos a sus discípulos para que, a su vez, sean liberadores, continuadores del anuncio de la Buena Noticia y de la obra liberadora de toda opresión. De aquí se deduce que el que no libera es porque no está liberado; el que no evangeliza es que no está evangelizado. ¡Cómo se puede callar uno viendo a hermanos alimentarse de desperdicios cuando él participa de manjares suculentos! Sería una traición imperdonable. “La orden dada a los doce: “Id y proclamad la Buena Noticia” vale también, aunque de manera diversa, para todos los cristianos.

¿A quiénes evangelizar? A todos, comenzando por los más cercanos, porque nos debemos más a ellos: “las ovejas descarriadas de Israel ¿Qué mensaje transmitir? La Buena Noticia” de momento, para que el anuncio se abra en círculos más amplios. Hemos de salir del Adviento más liberados y más liberadores.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P. Casa Ntra.Sra. de los Ángeles (Vitoria)

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