Primer Domingo de Cuaresma: ‘Misericordia quiero’

Primer Domingo de Cuaresma: ‘Misericordia quiero’

‘Misericordia quiero’

   En el primer domingo de Cuaresma san Lucas, en un relato lleno de viveza e imaginación, nos presenta en síntesis los obstáculos y dificultades que Jesús experimentó y tuvo que superar a lo largo de su vida para ser fiel al plan de Dios.

‘Misericordia quiero’

   En el primer domingo de Cuaresma san Lucas, en un relato lleno de viveza e imaginación, nos presenta en síntesis los obstáculos y dificultades que Jesús experimentó y tuvo que superar a lo largo de su vida para ser fiel al plan de Dios. Esas mismas tentaciones son las que nos acechan a cada uno de nosotros y a la sociedad: el materialismo que nos  lleva a olvidar nuestra dimensión trascendente (No solo de pan vive el hombre); el ansia de poder y la egolatría, que nos incitan a dominar a los demás y a creernos los mejores (Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás); y la vanagloria y la ostentación que nos hacen vivir  en la banalidad y en la búsqueda del aplauso de los demás (No tentarás al Señor tu Dios).

   La cuaresma, camino hacia la Pascua, nos propone una vez más que fijemos nuestra mirada en Jesucristo, rostro de la misericordia del Padre. Por eso, el Papa, en su mensaje  cuaresmal cuyo  título es <<‘Misericordia quiero y no sacrificio’ (Mt 9,13). Las obras de misericordia en el camino jubilar>>, nos invita a que  vivamos la misericordia en su doble dimensión: abrir nuestro corazón al corazón misericordioso del Padre, y ser nosotros misericordiosos con  los demás como nuestro Padre del cielo es misericordioso.

   Vivir la misericordia supone experimentar que Dios nos ama entrañablemente, que nos acoge siempre con ternura y que siempre está dispuesto a perdonarnos  como un padre, como una madre. El Evangelio de Lucas es el  Evangelio de la misericordia. Todas sus páginas nos hablan de la bondad y ternura de Dios y, sobre todo, la parábola del ‘padre bueno’ (o del hijo pródigo) nos lleva a palpar el rostro misericordioso del  Dios que Jesús nos revela.

   Vivir la misericordia divina nos lleva a practicar la misericordia con el prójimo con gestos de amor; gestos que el Papa  ve concretados en las tradicionales obras de misericordia:  Es mi deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo de despertar la conciencia muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son privilegiados de la misericordia divina (MV 15).

   La primera obra de misericordia es dar de comer al hambriento. Precisamente hoy se celebra la JORNADA NACIONAL DE MANOS UNIDAS cuyo lema este año es PLÁNTALE CARA AL HAMBRE: S I E M B R A.

   El lema, directo e incisivo,  juega con el doble sentido de palabra ‘plantar’. Nos pide, en primer lugar, que no miremos para otro lado, sino que seamos activos (plantemos cara) ante un problema tan acuciante como es el hambre en el mundo y que, en consecuencia, sembremos (plantemos) semillas de generoso compartir que mitiguen o, mejor, acaben con el hambre de nuestros hermanos.

   Nos dice hoy el relato evangélico que Jesús, tras su estancia  sin comer en el desierto, pasó hambre. Este mismo Jesús se presenta día a día ante nosotros en tantas personas que sufren necesidad. ¿Cuál es nuestra actitud? Las palabras de Jesús son claras: ‘Tuve hambre y me disteis de comer’ o ‘tuve hambre y no me disteis de comer’.

   ¡Seamos misericordiosos! ¡Plantemos cara al hambre y sembremos!

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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