PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO;

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO;

 

 

 

 

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO: ¡Abrid las puertas para acoger…!

 

Hemos iniciado el Adviento, que es promesa y esperanza de que Dios viene  a visitarnos; esto nos exige vivir en actitud de vigilancia y de puertas abiertas para que cuando llegue no nos coja desprevenidos  con las puertas de nuestro corazón y de nuestra Iglesia cerradas.

   Éste será el lema general de nuestro Adviento: ‘Abrid las puertas …’; lema que iremos completando domingo a domingo. En este primer domingo lo concretamos así: ‘Abrid las puertas PARA ACOGER…’.

   

PALABRA DE DIOS

 

 

 

Lectura del libro de Isaías 63,16b-17.19b; 64,2b-7

 

Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es ‘Nuestro redentor’.

 

Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos

 

   y endureces nuestro corazón para que no te tema?

 

Vuélvete, por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad.

 

¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia!

 

Bajaste y los montes se derritieron con tu presencia.

 

Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti,

 

   que hiciera tanto por el que espera en él.

 

Sales al encuentro de quien practica la justicia y se acuerda de tus caminos.

 

Estabas airado y nosotros fracasamos:

 

   aparta nuestras culpas, y seremos salvos.

 

Todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño manchado;

 

   todos nos marchitábamos como follaje,

 

   nuestras culpas nos arrebatan como el viento.

 

Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti;

 

   pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas en poder de nuestra culpa.

 

Y, sin embargo, tú eres nuestro padre,

 

   nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tus manos.-

 

 

 

Salmo responsorial 79

 

R/. Marana tha, ¡Ven, Señor Jesús! (2)

 

*Pastor de Israel, escucha,  tú que te sientas sobre querubines, resplandece.

 

 Despierta tu poder y ven a salvarnos.

 

*Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña,

 

 la cepa que tu mano plantó, y que tú hiciste vigorosa.

 

*Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste.

 

 No nos alejaremos de ti, danos tu vida, para que invoquemos tu nombre.

 

 

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1,3-9

 

   Hermanos: La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros.

 

   En mi acción de gracias a Dios os tengo siempre presente, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús. Pues por él habéis sido enriquecidos con todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo. De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

 

   Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y él es fiel!

 

   

 

Aleluya. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación Aleluya.

 

 

 

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 13,33-37

 

   En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

 

   -Mirad, vigilad; pues no sabéis cuándo es el momento.

 

   Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.

 

   Velad, entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer, no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.

 

   Lo que os digo a vosotros lo digo a todos. ¡Velad!.-

 

 

 

COMENTARIO

 

¡Abrid las puertas para acoger…!

 

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emos iniciado el Adviento, que es promesa y esperanza de que Dios viene  a visitarnos; esto nos exige vivir en actitud de vigilancia y de puertas abiertas para que cuando llegue no nos coja desprevenidos  con las puertas de nuestro corazón y de nuestra Iglesia cerradas.

 

   Éste será el lema general de nuestro Adviento: ‘Abrid las puertas …’; lema que iremos completando domingo a domingo. En este primer domingo lo concretamos así: ‘Abrid las puertas PARA ACOGER…’.

 

   Al encender la primera vela de la Corona de Adviento vamos a prometer al Señor que abriremos las puertas de nuestra casa, de nuestra parroquia, de nuestra comunidad, para que, ‘cuando llegues podamos acogerte entre nosotros, sea el que sea que viene en tu nombre’.

 

   Así nos habla el Papa Francisco: La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre. Uno de los signos concretos de esta apertura es tener templos con las puertas abiertos en todas partes. De ese modo, si alguien quiere seguir una moción del Espíritu y se acerca buscando a Dios, no se encontrará con la frialdad de unas puertas cerradas (E.G., 47).

 

  

 

   Estad vigilantes y tened las puertas abiertas, pues no sabemos cuándo llegará el momento de la venida del Hijo del hombre, nos exhorta hoy Jesús en el evangelio, y Él mismo nos lo explica mediante la pequeña parábola de un hombre que se va de viaje y encarga a sus criados que estén en vela, pues no sabe la hora de su vuelta, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer. Si llega y no están vigilantes no podrán abrirle la puerta ni acogerle.

 

   VIGILANCIA y ACOGIDA son, pues, las actitudes claves que nos pide este primer domingo de Adviento. Vigilar la venida del Hijo del hombre no es estar con el alma en vilo pendiente de las verdades eternas y de ninguna forma implica desentenderse del presente en favor del más allá. El Señor vendrá en gloria ciertamente al final de los tiempos; pero, Él sigue viniendo en cada instante, a cualquier hora del día y de la noche. Por eso, esperar la venida del Señor nos convierte en centinelas siempre alertas, que no se dejan vencer por el cansancio o la despreocupación.

 

   En el Apocalipsis encontramos esta hermosa advertencia del Señor: Mira que estoy llamando a la puerta. Si alguno oye mi voz, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo (4,21).

 

   Pero, ¿cuándo llama el Señor a mi puerta y cómo se me presenta? El domingo pasado –en el evangelio del juicio de las naciones- Jesús nos decía con claridad que Él se identifica con el hermano y, en concreto, con el hambriento, el sediento, el desnudo, el enfermo, el forastero…

 

   Jesús tuvo siempre abiertas  las puertas para acoger a todos, en especial a quienes vivían excluidos de la sociedad.

 

    El Adviento nos pide que no nos dejemos adormecer por el ruido y las ofertas comerciales y consumistas de estos días, que apagan la llamada del Adviento cristiano.

 

   A todos nos vendría bien dedicar en el  Adviento  un rato a la oración personal silenciosa, que nos ayude a tener un corazón vigilante, abierto y acogedor para con el Señor que llega constantemente a nuestra misma casa: en el esposo, la esposa, los hijos, los hermanos…; que llega en las situaciones del mundo y de la sociedad, en los necesitados, enfermos y ancianos. El Señor se presenta de las formas más anónimas e inesperadas: ¿Cuándo te vimos y no te acogimos…?

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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