PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO:

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO:

 

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO.  Iniciamos un nuevo año litúrgico en el que iremos proclamando san Lucas, el evangelio de la misericordia. Estupenda coincidencia con el Año Jubilar de la Misericordia (8 dic. 2015 – 20 nov. 2016), proclamado por el Papa …

 

 

 

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO.  Iniciamos un nuevo año litúrgico en el que iremos proclamando san Lucas, el evangelio de la misericordia. Estupenda coincidencia con el Año Jubilar de la Misericordia (8 dic. 2015 – 20 nov. 2016), proclamado por el Papa.

 

 

El Adviento, tiempo de espera y esperanza, nos prepara para celebrar la venida de Jesús en la humildad de la carne (Navidad) y también su venida en gloria al final de los tiempos (Parusía), como confesamos en el cedo. El evangelio de hoy nos habla más bien de esta venida final en gloria.

 

   Pero son muchos los que se preguntan: ¿Tienen sentido nuestra historia personal y la historia de la humanidad? ¿Hacia dónde caminamos? ¿Qué hay después de esta vida temporal? (Vat. II)

   Jesús da una respuesta positiva y esperanzadora a estos interrogantes que se plantea el hombre; pero,   al hablarnos de las realidades futuras del final de la historia,  recurre al lenguaje apocalíptico (signos en el firmamento, angustia  de las gentes en la tierra, estruendos en el mar …) tan corriente en los  tiempos de Jesús y de la Iglesia primitiva: Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y gloria. Esta venida definitiva de Jesús inaugurará los nuevos cielos y la nueva tierra  en la que Dios será todo en todos.

   Habla el evangelio de la angustia de las gentes y del miedo que se apoderará de los hombres. Lo cierto es que cada época de la historia vive presa de sus miedos y temores. Nuestros días son tiempos convulsos y agitados, llenos de   violencias y terrorismo que ponen en peligro la estabilidad de la sociedad y crean  un ambiente de  horror, de angustia y de temor: ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué va a pasar?

   En esta situación de desconcierto la Palabra de Dios nos recuerda, es cierto, que nuestra vida es limitada y temporal; pero, al mismo tiempo, nos comunica un mensaje de esperanza: no debemos caminar derrotados con la cabeza agachada, agobiados por las catástrofes y tragedias humanas. Hay que sobreponerse: ¡Levantaos! ¡Alzad la cabeza! ¡Se acerca vuestra liberación!

   La visión creyente nos dice que el mal nunca será definitivo; al contrario, un día nos veremos liberados de todo mal; el bien triunfará de modo definitivo en nuestras vidas y en la historia; por eso,  el Adviento nos invita a esperar contra toda esperanza y a pesar de todos los pesares.

   Esta esperanza que nos anima, en manera alguna debe adormecernos o embotar nuestras mentes, ni llevarnos a adoptar una actitud pasiva cruzándonos de brazos en espera del mundo futuro. El auténtico creyente vive con un compromiso activo y decidido por  liberar del mal las situaciones en que vivimos,  y para que ya desde ahora crezca el reino de Dios.

   Hoy encendemos la primera vela de la corona de Adviento con la esperanza de un mundo nuevo y el compromiso de trabajar para conseguir que nuestra sociedad sea más justa, pacífica y fraternal.

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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