PENTECOSTÉS: ¡El idioma del Amor!

PENTECOSTÉS: ¡El idioma del Amor!

 

¡El idioma del Amor!

El relato del libro de los Hechos sobre la Venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés tiene como trasfondo el episodio de la Torre de Babel (Gén 11, 1-9). La ambición de poder y  la soberbia de los hombres es tal que pretenden levantar una torre que alcance los mismos cielos. Esta actitud de los hombres es la misma que aparece en la  tentación y caída  en el Paraíso: Seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal (Gén 3,5b)…

 

El relato del libro de los Hechos sobre la Venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés tiene como trasfondo el episodio de la Torre de Babel (Gén 11, 1-9). La ambición de poder y  la soberbia de los hombres es tal que pretenden levantar una torre que alcance los mismos cielos. Esta actitud de los hombres es la misma que aparece en la  tentación y caída  en el Paraíso: Seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal (Gén 3,5b).  Las consecuencias de la soberbia humana            son también idénticas en uno y otro relato: enfrentamiento y desunión, confusión y desentendimiento,  dispersión y alejamiento de los hombres entre sí: La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí (Gén 2,12).Confundamos allí su lengua, de modo que ninguno entienda la lengua de su prójimo (Gén 11,7).

   El orgullo, la soberbia  y la ambición de poder del hombre que llegan hasta el punto de querer eliminar y suplantar a Dios, conducen al enfrentamiento entre los hombres, a la desunión, a la creación de la desigualdad y a convertir a la sociedad en una Babel egoísta.  Pentecostés, en cambio,  es el reverso de esta situación a la que nos ha llevado la ambición humana.

   El libro de los Hechos narra que los discípulos estaban reunidos en una casa y, de pronto, se arremolinaron en torno a ella gentes de todas las naciones de la tierra y cada uno oía hablar a los discípulos de las maravillas de Dios en su propia lengua.

   Como es lógico, las gentes, venidas de todos los rincones de la tierra, estaban enormemente sorprendidas de este hecho y se preguntaban cómo era posible. La explicación podemos encontrarla en que Dios es Amor y Jesús envía y llena a sus discípulos con el Espíritu de Amor. Amor es la lengua que hablaban los discípulos: el único lenguaje que pueden entender todos los hombres y culturas; el único idioma que aproxima a las gentes más dispares (1ª lect.) y puede unirlas en una misma familia, superando todas las diferencias: Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un mismo Espíritu (2ª lect.)

   Por eso, Pentecostés –efusión del Espíritu de Amor- es una llamada a la unidad y a la fraternidad, a la entrega y al servicio del hermano. Pentecostés –efusión del Espíritu de Amor- es todo lo contrario a Babel, dominada por el espíritu de poder, de disgregación y de desunión.

   Si volvemos nuestra mirada hacia nosotros, hemos de reconocer que nos cuesta vivir en la unidad y en la comunión, y que el espíritu de Babel se infiltra en todos los niveles de la existencia: personal, social, familiar, eclesial…

Nuestro mundo y nuestra sociedad son una Babel  en los que se vive el ansia de poder y de dominio, donde se habla el lenguaje egoísta y partidista que rompe la convivencia, que nos separa y nos hace olvidar el bien común.

   Los cristianos, a pesar de los gestos ecuménicos de acercamiento entre las distintas confesiones, seguimos siendo Babel, pues, aunque todos bebemos de un mismo Espíritu, el deseo de Jesús -¡que todos sean uno!- no acaba de realizarse y seguimos divididos.

   Nuestras familias y comunidades son con frecuencia una Babel en la que falta comunicación, cercanía, amor entrañable y perdón, y sobran enfados y agrias discusiones, desencuentros y silencios prolongados, distanciamientos y falta de armonía …

   ¿Qué lenguaje hablo yo? ¿cuál el que predomina en la sociedad, en la Iglesia, en mi familia …?

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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