NOVICIADO Y VOTOS

NOVICIADO Y VOTOS

El 10 de septiembre de 1913 Hubert van Lieshout, ya con veintidós años, llega lleno de entusiasmo, a la casa noviciado de la Congregación de los Sagrados Corazones, situada en Tremelo (Bélgica), don de había nacido el P. Damián de Molokai. Al ingresar en el noviciado escogió como nombre Eustaquio …

Vida del Beato Eustaquio

Capítulo 3º: Noviciado y votos

 

El 10 de septiembre de 1913 Hubert van Lieshout, ya con veintidós años, llega, lleno de entusiasmo, a la casa noviciado, situada en Tremelo (Bélgica), no lejos de Lovaina. En aquel entonces las comunidades de la congregación holandesas y alemanas dependían aún de Bélgica, donde, con el fin  de reclutar misioneros para las islas, se fundaron  las dos primeras casas en 1840: Nivelles, que sólo durará cuatro años, y Lovaina en la que se formó san Damián de Molokai. Precisamente, cerca de su casa natal, en  Tremelo se estableció el noviciado en 1908.

Hubert forma parte de un grupo de dieciocho candidatos, llamados ‘postulantes’: siete holandeses, cinco alemanes, cuatro belgas y un francés, todos ellos aspirantes al sacerdocio. El 23 de septiembre comienza el noviciado con la toma de hábito. Hubert recibe un nuevo nombre, signo de su cambio de vida: Eustaquio. ¿Por qué esta elección? Lo ignoramos.

Este grupo internacional es confiado a un maestro de novicios alemán, el P. Medardo Kaiser, que es también consejero del Superior Provincial de Bélgica. Era toda una autoridad, un hombre tranquilo,  que sabe dejar libertad de movimientos a sus discípulos y sólo impone su autoridad en caso necesario. Tiene dos asistentes, un alemán y un flamenco. Éste, el P. Macario Timmermans, a pesar de su aspecto poco agradable, como tallado a hachazos, siempre está dispuesto a escuchar a todos. De Eustaquio no guarda más que vagos recuerdos como  que a veces le llamaban Mater Dolorosa. El otro, el P. Clemente María Saxowsky, era de personalidad muy distinta. Muy emotivo y con cierta inclinación al misticismo y a los hechos asombrosos. Aunque Eustaquio se entendía bien con él, no le marcó demasiado.

¿Cómo era el novicio Eustaquio? Los testimonios que se conservan están de acuerdo en algunos puntos. Se tomó el noviciado con seriedad. Era especialmente obediente a todas las reglas y reglamentos que el novicio debe observar. Era persona de oración, particularmente fiel a la adoración al Santísimo Sacramento que los novicios practicaban por turno, de media en media hora, a lo largo del día. Cuando el reemplazante se retrasaba, él continuaba sencillamente la adoración. Su devoción a María llamaba la atención de sus connovicios, pero no era para nada un santurrón, sino que estaba siempre dispuesto a ayudar y su trato era agradable. No  perdió su gusto por el teatro y con sus dichos era capaz de provocar la carcajada.

Las calificaciones que con regularidad dieron de él  el maestro de novicios y sus asistentes, eran siempre positivas: piedad, espíritu religioso, obediencia a la regla y reglamentos, salud. Aunque ponían un pequeño pero a sus capacidades. Las calificaban de  mediocres aunque  sin ser malas Destacaban, eso sí, su  aunque hacen notar que es un trabajador incansable. De carácter entregado, caritativo, juicioso, un tanto obstinado y algo original.

Al acercarse el final del noviciado es admitido a la profesión temporal, o sea, a hacer votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia por tres años; pero, un acontecimiento imprevisto va a trastocar todos los planes.

A comienzo de 1914 los alemanes invaden Bélgica; los hermanos alemanes parten de inmediato; primero, a los Países Bajos y después, la mayoría, a Alemania: los novicios, su maestro y uno de los asistentes. El P. René De Baetselier, belga, toma el relevo de maestro de novicios. El 19 de agosto, al acercarse las tropas alemanas, tiene que huir  con toda la comunidad. En Malinas los novicios holandeses consiguen por muy poco tomar el tren que les llevará a su país, para después irse a sus familias.

Una vez en su hogar el novicio Eustaquio prefiere no eternizarse en este ‘mundo de perdición’, como se decía en el convento; así que se refugió en Durgen en el convento de su hermana religiosa. . Allí presta toda clase de pequeños servicios, visitando a las personas mayores y enfermas, incluso a los tuberculosos, sin tener en cuenta las advertencias de la hermana enfermera.

Mientras tanto Grave se ha convertido en lugar de encuentro de todos los que han huido de los conventos de la Congregación: alumnos de las escuelas apostólicas, novicios, hermanos estudiantes, hermanos conversos, padres…

Se alquila para los novicios una casa que pertenece a los Padres de la Sagrada Familia en Oliestraat.  El noviciado se reinicia en octubre;  pero, surge un problema: la interrupción del noviciado ha sido tan larga que sería necesario comenzarlo de nuevo. Felizmente el 3 de noviembre llega un mensaje de Roma comunicando que basta con completar los meses que faltaban. No todo fue  de color de rosa durante los meses que precedieron a la profesión religiosa. La casa, vieja y siniestra, no es el convento soñado. El pequeño dormitorio proporciona a los novicios muchas ocasiones de mortificación, durmiendo en colchón de paja o en el suelo. Además hacía un frío congelador.

La mayoría del tiempo tienen que pasarlo dentro de la casa, pues para el tiempo de recreo sólo disponían  de un pequeño jardín detrás de la casa y donde se sentían  vigilados en todo instante por los vecinos. Faltaba intimidad. Además, en cuanto empeoraba el tiempo, era imposible salir. El único refugio era la sala de estudio. En muy contadas ocasiones  se podían  permitir un paseo por los alrededores. Pero, en fin,  bien está lo que bien acaba. El 27 de enero de 1915 llega el día tan esperado de la profesión religiosa: con el hermano Eustaquio, siete holandeses, dos belgas y un alemán revisten el hábito religioso completo: además de la esclavina y la sotana blanca, el escapulario –amplia pieza de tela blanca que cubre pecho y espalda casi hasta los pies— sobre el que va un escudo de tela en el que están bordados en color los Sagrados Corazones de Jesús y de María, rodeados de una triple corona de espinas. Después de la investidura los hermanos pronuncian sus votos temporales. Conservamos una carta del hermano Eustaquio que evoca este acontecimiento:

<<Mis queridos padres, hermanos y hermanas, el hermoso día ya ha tenido lugar. Fue un día que quizás  ningún otro pueda borrar de mi memoria. Puedo compararlo con mi primera comunión, la jornada más hermosa que hasta ahora habíais conocido. Pero, en cierto sentido, este día es aún más hermoso, pues en este día nosotros damos, mientras que en la primera comunión nosotros recibimos… Desde ahora llevo,  pues,  el escudo de los Sagrados Corazones de Jesús y de María sobre mi pecho. He sido revestido con el escapulario y ceñido con un cordón blanco en lugar del negro. También hemos recibido un manteo blanco que llevaremos en ciertas ocasiones religiosas  especiales.

Entramos en la capilla con un cirio encendido en la mano cantando el salmo: ‘Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor; ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén’. Después el Padre Superior entonó el Veni Creator y nosotros, a pleno pulmón, cantamos: ‘¡Ven Espíritu Santo Creador!’.

A continuación se nos dirigió una conmovedora arenga que nos estimuló a hacer nuestro santo sacrificio. Vino después la bendición de los cordones blancos, de los escapularios y de los manteos con los que fuimos revestidos. Seguidamente pusimos nuestras manos entre las del representante del Padre Superior General, el P. Sigismond,  y pronunciamos la fórmula de nuestros tres votos. Después prestamos juramento con las manos sobre el evangeliario. Comprenderéis con qué alegría hemos terminado cantando el Te Deum, A ti, oh Dios, te alabamos.

Ya hemos comenzado los estudios de filosofía…   Jaantje (su hermana pequeña) no tiene que olvidarme. ¡Gracias a todos por vuestras oraciones y felicitaciones! ¡Rezad por la paz! Vuestro hijo y hermano en Jesucristo, Hº Eust. ss.cc.>>

Así comenzó de lleno Hubert van Lieshout, alias hermano Eustaquio, ss.cc., comenzó de lleno la vida religiosa.  (‘ss.cc.’ es la abreviatura de Sacrorum Cordium, ‘de los Sagrados Corazones’, que  designa a la congregación).

 

 

Édouard Brion, ss.cc.
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