MIÉRCOLES DE LA XIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B

MIÉRCOLES DE LA XIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B

PALABRAS DEL SANTO PADRE

El Evangelio es palabra de vida: no oprime a las personas, al contrario, libera a quienes son esclavos de muchos espíritus malignos de este mundo: el espíritu de la vanidad, el apego al dinero, el orgullo, la sensualidad… El Evangelio cambia el corazón, cambia la vida, transforma las inclinaciones al mal en propósitos de bien. El Evangelio es capaz de cambiar a las personas.  Por lo tanto, es tarea de los cristianos difundir por doquier la fuerza redentora, convirtiéndose en misioneros y heraldos de la Palabra de Dios. Recuerden siempre que el Evangelio tiene la fuerza de cambiar la vida. No se olviden de esto. […] Por eso os pido siempre tener un contacto cotidiano con el Evangelio, leerlo cada día, un trozo, un pasaje, meditarlo y también llevarlo con vosotros adondequiera que vayáis: en el bolsillo, en la cartera…ÁNGELUS, 1 de febrero de 2015.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10,1-7

En aquel tiempo, Jesús, llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos».

Reflexión del Evangelio de hoy

José se retiró y lloró; después volvió a ellos

Este episodio que la primera lectura nos presenta, sin ser una lectura continua, sino que ofrece un texto formado por párrafos no consecutivos, permite que la liturgia insista en el perdón y la misericordia, (véase el salmo responsorial). José no se identifica ante sus hermanos, ellos no le reconocen. Pero llora por la ocasión que se le brinda, después de tantas peripecias, de ayudar a quienes le vendieron, le alejaron de su padre, de su tierra, de su hermano pequeño. No hay en él reacción de venganza. Por el contrario, él, el vendido por sus hermanos, a quien acuden suplicantes para tener que comer, para poder vivir, responde con lágrimas por la oportunidad que se le brinda de poder ayudarlos; y de poder ver a su hermano pequeño, Benjamín. Misericordia sin verse superior, sin rebajar la condición de quien la solicita; alegre hasta las lágrimas, por poder ayudarles. Siguen siendo sus hermanos. Es fácil aplicar eso a la vida de cada uno. No se trata sólo de perdonar, sino de sentirse feliz por ese perdón que podemos ofrecer, que restablece la relación fraterna.

Jesús llamó a sus doce discípulos

Los tres sinópticos narran la elección de los doce apóstoles. Lucas precisa que lo hizo después de pasar la noche orando. Fue una elección pensada y orada. Había otros que seguían a Jesús. En los Hechos de los apóstoles, se dice que, para sustituir a Judas, el traidor, los once incorporaron al Colegio apostólico a Matías, “uno de los que nos acompañaron todo el tiempo en que convivió con nosotros el Señor Jesús”; así Pedro precisa la elección a los once (He 1,21). Jesús podía haberlo elegido apóstol, en vez de Judas Iscariote. No lo hizo. Desde el inicio, la Iglesia, que en sus comienzos se realiza en los apóstoles, estuvo conformada con personas imperfectas, no es una asociación de “puros”.

Jesús de momento les envía a “proclamad que el Reino de los cielos está cerca” a los judíos, no a paganos ni a samaritanos. Al final del evangelio de Mateo, 28,19, Jesús les envía “a todas las gentes”. La misión a la que alude este texto es misión previa, como entrenamiento, diríamos. Junto a la proclamación de la cercanía del Reino de los cielos, han de realizar un servicio de curación espiritual, expulsar espíritus inmundos, y corporal, curar toda enfermedad y dolencia. Unos versículos antes Mateo aplicaba a Jesús esa misma misión. Los apóstoles han de continuar la misión de Jesús. Esa es la tarea de la Iglesia. No tiene evangelio propio, ni misión propia. Su misión es la de Jesús: predicar el Reino de los cielos, y adelantarlo curando, haciendo el bien, acercándose a los necesitados, a los que sufren. Es necesario unir a la Palabra heredada de Jesús y proclamada por los apóstoles, la acción de ayuda en el cuerpo y en el espíritu a los necesitados.

¿Cómo nos vemos cada uno de los cristianos ante esa misión en nuestro ámbito familiar, social?

Fray Juan José de León Lastra. Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Parroquia Sagrados Corazones
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