MIÉRCOLES DE LA VI SEMANA DE PASCUA / CICLO B

MIÉRCOLES DE LA VI SEMANA DE PASCUA / CICLO B

PALABRAS DEL SANTO PADRE

¿Cuál es, entonces, la acción del Espíritu Santo en nuestra vida y en la vida de la Iglesia para guiarnos a la verdad? Ante todo, recuerda e imprime en el corazón de los creyentes las palabras que dijo Jesús, y, precisamente a través de tales palabras, la ley de Dios se inscribe en nuestro corazón y se convierte en nosotros en principio de valoración en las opciones y de guía en las acciones cotidianas; se convierte en principio de vida. Se realiza así la gran profecía de Ezequiel: «Os purificaré de todas vuestras inmundicias e idolatrías, y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo… Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos» (36, 25-27). En efecto, es del interior de nosotros mismos de donde nacen nuestras acciones: es precisamente el corazón lo que debe convertirse a Dios, y el Espíritu Santo lo transforma si nosotros nos abrimos a Él. (AUDIENCIA GENERAL 15 de mayo de 2013)

Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».

Reflexión del Evangelio de hoy

El Dios desconocido. El Dios cristiano.

Nos encontramos con un texto muy significativo de la predicación de Pablo. Está repleto de consideraciones de elevado relieve religioso. Y pronunciado en un lugar selecto, el areópago, donde se juntaban intelectuales-filósofos atenienses, y altos representantes de la vida ateniense. Pablo llega a Atenas en huida nocturna desde Barea, adonde se habían desplazado judíos de Tesalónica con no buenas intenciones.

Pablo habla en el ágora en primer lugar. Es ámbito popular. Pero algunos filósofos, epicúreos o estoicos, le llevan al selecto ámbito del areópago. Allí tiene lugar el discurso de Pablo.

Un discurso hábil. Pablo se sorprende por la exagerada religiosidad de los atenienses, que le lleva a inundar de ídolos la ciudad, y tener incluso un altar al “dios desconocido”. Ese dios desconocido es para Pablo su Dios, el de los cristianos. El discurso es una proclama del Dios único frente al politeísmo ateniense. Un Dios cuya única imagen es el ser humano, no las esculturas que le representan. “En él vivimos movemos y existimos”. Es un Dios que juzga con misericordia, pero que exige conversión. Para conseguir la conversión ha enviado a un hombre. Un hombre excepcional, a quien ha resucitado de entre los muertos. Al citar la resurrección, Pablo se vio interpelado: unos se reían de él, a otros dejó de interesarles lo que les decía.

¿Por qué les pareció una broma lo de la resurrección? El grupo de intelectuales al que se dirigía estaba compuesto sobre todo por los epicúreos, que no tenían ningún interés por la resurrección, bastaba ser felices en este mundo; y los estoicos, que se inclinaban a la inmortalidad del alma y olvidarse del cuerpo, algo que implica la resurrección.

Nosotros, como dice Pablo en otros lugares, fundamos nuestra fe en la resurrección de Jesús de Nazaret, que implica nuestra propia resurrección. Es una cuestión de fe, no de una deducción racional. Si como los filósofos atenienses nos quedamos solo con lo que puede alcanzar la razón, nos reiríamos también de quien hablara de resurrección.

En consecuencia, fortalezcamos nuestra fe en la resurrección. Y eso se hace como dice san Pablo, “buscando las cosas de arriba”: el amor, más fuerte que la muerte; la verdad, aquí imperfecta, plena tras la muerte; la presencia de Dios en nuestras vidas, aquí como en una imagen, luego visto cara a cara, como también dice el apóstol.

La verdad plena como aspiración

Pertenece al ser humano buscar la verdad. Ya lo dijeron los filósofos clásicos. En el evangelio de Juan está muy presente la búsqueda de la verdad. En él aparece la pregunta de Pilatos, “qué es la verdad”… Hoy leemos que “el Espíritu de verdad os guiará hacia la verdad plena”. ¿Qué verdad? La verdad plena es el mismo Jesús. “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre si no es por mí”, había dicho. El texto evangélico anuncia la Pascua de Pentecostés. Es el Espíritu quien ha de guiar al conocimiento pleno de Jesús, y del Padre. Fue lo que hizo con los apóstoles. El Espíritu muestra la verdad didácticamente, a través de la vida, de la historia, cuando esa vida, esa historia se oran, es decir: se ven bajo la luz del evangelio, de la Palabra del Señor.

Es necesario prepararse para la Pascua de Pentecostés. Es necesario abrirnos al espíritu de Jesús, del evangelio, que es el Espíritu Santo. Él nos conducirá a la verdad…y a la vida, a interpretarla bien.

Fray Juan José de León Lastra. Convento de Santo Domingo (Oviedo)

 

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