MIÉRCOLES DE LA SEMANA XXXIV DEL TIEMPO ORDINARIO – SAN ANDRÉS DUNG LAC Y COMPAÑEROS MÁRTIRES

MIÉRCOLES DE LA SEMANA XXXIV DEL TIEMPO ORDINARIO – SAN ANDRÉS DUNG LAC Y COMPAÑEROS MÁRTIRES

ANDRÉS DŨNG LẠC, SACERDOTE, Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES VIETNAMITAS

Tran An Dung nació en Bac Ninh en 1795 en una familia tan pobre que para asegurar su supervivencia se vieron obligados a confiarlo al cuidado de un catequista católico. Educado en la fe y bautizado con el nombre de Andrés, el futuro mártir fue ordenado sacerdote en 1823. Se convirtió en pastor asistente en Dong-Chuoi, y se destacó por su estilo sencillo y cordial, por su asistencia activa a los pobres y por su sobriedad en todas las cosas. En 1833, después de haber terminado de celebrar la Eucaristía, los guardias imperiales lo arrestaron por primera vez. Rescatado con el pago de una fuerte suma de dinero recolectada de los fieles, decidió cambiar su nombre de Dung a Lac para ser menos notado y se aventuró en las provincias más peligrosas de Hanoi y Nam-Dihn para evangelizar a esas poblaciones.

A finales de 1839 Andrés fue arrestado por tercera vez junto con su hermano Pedro. Entonces empezó a entender que su vocación era el martirio: el Señor le pedía que ofreciera su vida por la salvación de sus hermanos y que lo acompañara en el don total y confiado al Padre sobre la Cruz, como hizo Jesús. Así que pidió a su obispo que no pagara el rescate por su liberación. Durante su traslado a la prisión de Hanoi, muchos fieles lo acompañaban llorando pero él los animaba a todos, exhortándoles a que continuasen viviendo de acuerdo a las enseñanzas del evangelio y de la Iglesia. En la nueva prisión, se le pidió a los dos sacerdotes que abjuraran y pisotearan a Jesús en la cruz. En respuesta, se arrodillaron y lo besaron. Para ellos, por lo tanto, la sentencia sólo podía ser de muerte, que se llevó a cabo por decapitación el 21 de diciembre, a las afueras de la ciudad, en la puerta de Cau-Giay.

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21,12-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

 

Reflexión del Evangelio de hoy

Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas

No es fácil ser cristiano, serlo como lo esencial de nuestro ser. Es una apuesta, que exige un compromiso serio, constancia, perseverancia como nos dice el texto evangélico. No es fácil, porque el ámbito social en que nos movemos, y también nuestras pulsiones interiores más rudimentarias, se oponen a ello. Incluso las personas que más se hayan comprometido con nuestra vida pueden oponerse a nuestro proyecto cristiano. Y, sin embargo, nada merece más la pena que la fidelidad a nuestra condición de cristiano. Da tanto sentido a nuestro vivir, que hasta nos podemos olvidar del premio que se nos promete. Lo que cuesta esa fidelidad, la perseverancia de la que habla el texto, da valor a nuestra fidelidad al proyecto cristiano.

Sea esto dicho desde la debilidad. Desde quien es consciente de que la plenitud del ser no es de este mundo, ni la de ser cristiano. Siempre nos acompaña lo que llamamos pecado. Pero junto a él la esperanza de la misericordia de Dios.

Vamos a empezar el adviento, tiempo de ansiar que se haga presente quien, nace a la vida en medio de dificultades; ello ha de ser estímulo para mantengamos la perseverancia ante las dificultades para vivir como cristiano.

Fray Juan José de León Lastra O.P. Convento de Santo Domingo (Oviedo)

 

 

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