MIÉRCOLES DE LA II SEMANA DE PASCUA / CICLO B

MIÉRCOLES DE LA II SEMANA DE PASCUA / CICLO B

PALABRAS DEL SANTO PADRE

Este pasaje del Evangelio de Juan, capítulo 3: el diálogo entre Jesús y Nicodemo, (cf. Jn 3, 16-21) es un verdadero tratado de teología: todo está aquí. El kerigma, la catequesis, la reflexión teológica, la parénesis […] Pero lo esencial es la revelación del amor de Dios: Dios nos ama -como dice un santo- como una locura: el amor de Dios parece una locura. Nos ama: ‘Tanto amó al mundo que le entregó a su Hijo único’ (Jn 3,16). Dio a su Hijo y lo envió para amarnos ofreciendo su vida en la cruz. Cada vez que miramos a Jesús crucificado, encontramos este amor. Jesús crucificado es precisamente el gran libro del amor de Dios. Es la expresión misma del amor de Dios. Así es como Dios nos ha amado: ha enviado a su Hijo, se ha aniquilado a sí mismo hasta la muerte en la cruz por amor. ‘Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo’. […] ¿Y por qué? ‘Para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna’ (Jn 3,16). Este es el amor del Padre que quiere que sus hijos estén con él. (Homilía Santa Marta – 22 de abril de 2020)

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 16-21

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Reflexión del Evangelio de hoy

Id al pueblo y enseñarles este modo de vida

Ese el encargo del ángel que les libra de la prisión. Se enfrentan a los saduceos, la secta menos “religiosa”; que no creían en la resurrección. Los apóstoles no van a centrarse en exponer normas distintas de culto, ni insistir solo en lo que es su visión de Jesús, aunque sea el fundamento de su predicación; se han de centrar en un nuevo modo de vivir. El cristianismo es una religión profética, como se indica en los tratados sobre el hecho religioso, no se queda en el culto, en creencias, sino que es un modo de vivir en la diversidad de los actos de la existencia humana, religiosos y profanos. Esto lo exponen los apóstoles en el templo, en el centro del culto judío por excelencia, en el lugar que tiene sentido desde lo religioso, en él se siente la presencia misteriosa de Dios.

Cuando proclamamos el credo, cuando participamos en la eucaristía, cuando oramos, ¿somos conscientes de que las creencias, el culto, la oración implican un modo cristiano, o sea evangélico, de vida, no solo un modo de dar culto a Dios?

“Tanto amó Dios al mundo…”

El texto evangélico del día de hoy lo hemos visto a lo largo del año litúrgico, también en tiempo de cuaresma. Es un texto que podemos llamar clásico; y por supuesto central en el evangelio de Juan. En especial la expresión: “tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único”. Jesús está en diálogo con Nicodemo. No está dirigiéndose al pueblo como en los diversos discursos de Jesús, que Juan ofrece en su evangelio. Jesús está hablando con mayor intimidad, y con posibilidad de hacerse entender mejor. Nicodemo tenía una cierta preparación religiosa, y era un buscado. (No uno de los críticos que se enfrentaban a Jesús porque su predicación atentaba contra su manera de entender la religión y…organizar su vida).

Por eso la contundencia y el enorme alcance de esa afirmación.  Ese mundo, que Juan presenta en otros lugares que tiene como príncipe a Satán, ha sido amado por Dios. Tanto que les entrega al Hijo único. Lo entrega para que hagan con él lo que quieran. Y ya sabemos lo que hicieron; a pesar de que Jesús no vino a condenar al mundo, sino a salvarle. Ese mundo rechazó la salvación.

Y el texto da la razón del rechazo. Quienes le rechazaron no quisieron abrirse a la luz. Prefirieron quedar en las tinieblas, porque en “las tinieblas” la vida les era más fácil…; y podían mantener sus privilegios en la sociedad, sobre todo religiosa. Éstas, dice el texto, les impidieron abrirse a la luz. Fue una decisión autodefensiva: “no querían ser acusados por sus obras”, algo que sucedería si se abrieran a la luz. “Cuando se obra en contra de lo que se piensa, se acaba pensando cómo se obra”. Es un conocido mecanismo de defensa, la autojustificación.

¿Qué concluiríamos para nuestras vidas?:

1º ¿Somos capaces de, a imitación de Dios, amar a nuestro mundo, y no pasarnos la vida condenándole -“el mundo está perdido”- y sí haciendo lo que de nuestra parte esté para “salvarlo”?

2º ¿Nos dejamos iluminar y guiar por la luz del evangelio, los sentimientos de Cristo, aunque dejen en mal lugar aspectos relevantes de nuestro vivir?

Fray Juan José de León Lastra
Convento de Santo Domingo (Oviedo)
Parroquia Sagrados Corazones
parroquia.sscc.madrid@gmail.com
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