MARTES DE LA XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO – SANTA MARÍA MICAELA

MARTES DE LA XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO – SANTA MARÍA MICAELA

Santa María Micaela del Santísimo Sacramento

María de la Soledad Micaela Agustina Antonia Bibiana Desmaissières y López de Dicastillo, Vizcondesa de Jorbalán (Madrid, 1 de enero de 1809 – Valencia, 24 de agosto de 1865), elevada a los altares como Santa María Micaela del Santísimo Sacramento, fue una aristócrata y religiosa española, fundadora de la congregación de Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad.

Infancia y juventud

Micaela Desmaissières y López de Dicastillo, nació en Madrid el 1 de enero de 1809, en plena Guerra de la Independencia Española, en el seno de una familia de la aristocracia. Su madre, Bernarda, era camarista de la reina María Luisa de Parma; Micaela tenía un hermano, Diego, que murió el año 1855 a la edad de 49 años, dejando a su hija María Diega como heredera de todos los bienes de la familia.  María Micaela siempre estuvo protegida por el administrador de la familia, Cirilo Bahía Calvo. Cirilo fue una persona muy influyente en la vida de la santa, y una de las pocas personas que le apoyó a la hora fundar la Congregación.

Fundadora de las Adoratrices en España

Tras una visita al Hospital de San Juan de Dios, se conciencia de la lacra de la prostitución y, en abril de 1845, funda un colegio para redimir a las prostitutas, en una casa en la calle de Dos Amigos de Madrid. El 12 de octubre de 1850, deja los fastos de la corte de Isabel II, para vivir con las alumnas en el colegio. Tras grandes dificultades, en 1856 el colegio ha crecido y ya tiene con ella a algunas colaboradoras. Ve la necesidad de formar una comunidad que dé estabilidad a la obra; surge así la Congregación de Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad. Micaela se ha convertido ya en la Madre Sacramento y ese mismo año escribe unas constituciones de su congregación que serán aprobadas por la Santa Sede en 1861. Al colegio de Madrid le siguen pronto Zaragoza (1856), Valencia (1858), Barcelona (1861), Burgos (1863), Pinto, filial de Madrid (1864), Santander (1865) y Guadalajara (1915), esta fundada por su sobrina María Diega Desmaissières. En agosto de 1865, la Madre Sacramento, al enterarse de que en Valencia estalla una epidemia de cólera (véase: Pandemias de cólera en España), decide viajar en tren a esta ciudad para ayudar a las religiosas y colegialas de su casa. La epidemia acabó con su propia vida el 24 de agosto de ese año.

Apostolado social

La Madre Sacramento dedicó su vida a la fundación de la Congregación de Religiosas Adoratrices y Esclavas de la Caridad, con sus colegios de reeducación, ejerciendo así un notable influjo en la sociedad del siglo XIX. Pero su radio de acción trasciende los límites del Instituto: actúa también en el campo eclesial y social, unas veces a instancias de la jerarquía eclesiástica y otras movida por las circunstancias sociales que la rodean. También debemos señalar su alado con la Familia Real, particularmente con la reina Isabel II, que le ocupó buena parte de su tiempo en los últimos años de su vida, llamada por el confesor de la reina San Antonio María Claret. Asimismo, las Escuelas Dominicales de España le deben su existencia.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5,43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo» y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

Reflexión del Evangelio de hoy

Miembros de una Iglesia ecuménica

San Pablo nos invita en esta carta segunda a los corintios a mostrar generosidad con nuestros hermanos. La apreciación de los paganos que nos cuenta Hechos para definir a los primeros cristianos, “mirad cómo se aman”, tiene eco en estas colectas que Pablo promueve por distintas iglesias de Grecia. El cuidado entre los hermanos significa atender con generosidad las carencias que algunas comunidades puedan pasar. Que vuestra abundancia remedie su necesidad, que el interés por los demás, manifieste la sinceridad de nuestra caridad. Porque el ejemplo de nuestro Señor, “que siendo rico, por nosotros se hizo pobre a fin de que nos enriqueciéramos con su pobreza”, es la pauta que debe seguir nuestro amor por los demás. La kénosis del Señor, su entrega hasta la muerte, es el ejemplo, la pauta y horizonte para nuestra generosidad. Por eso hoy esta lectura nos enfrenta a nuestra obligación con las iglesias de nuestro mundo, a la solidaridad con nuestros hermanos que hoy tienen notables dificultades. Una generosidad que nos haga sobrepasar los límites de nuestras estrecheces o nuestros caprichos para socorrer las necesidades que vemos y escuchamos sufren muchas poblaciones en nuestro mundo. Como a los de Corinto y Macedonia, hoy san Pablo nos invita a la solidaridad, la donación y la entrega, como muestra de nuestra sincera caridad. Una caridad que atiende la cercanía, la fraternidad inmediata, pero que trasciende fronteras en su interés por las necesidades ecuménicas de otros muchos hermanos necesitados.

Somos criaturas de Dios para la construcción de la fraternidad y defensa de la justicia

Son palabras del Papa Francisco en el último capítulo de la encíclica “Todos hermanos”, completamente en consonancia con el evangelio del día de hoy. San Mateo en este capítulo quinto, expone las enseñanzas de Jesús sobre la nueva moralidad en confrontación con la Ley antigua. El mismo Jesús nos dice que no ha venido a destruir la Ley, sino a darle su cumplimiento. Jesús trasciende el antiguo marco pacato y restrictivo, para crear una nueva dimensión más abierta, exigente y universalista. Las bienaventuranzas no se agotan en actos y cumplimientos concretos, son un estilo de vida, una manera de ser y estar frente al mundo. Un convertirse en sal y luz para que el mundo recobre el sentido de la creación de Dios, acoja un nuevo valor de la justicia y la compasión. Un ideal que alcanza su culmen en la última proposición de Jesús: “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial que hace salir su sol sobre malos y buenos”. Un mandamiento radical, en línea con el seguimiento que exige Jesús. “Déjalo todo, ven y sígueme”. Ya no hay desconocidos ni extraños, no hay nosotros y ellos, no hay amigos y enemigos, todos somos hijos de Dios, hermanados y unificados en la redención de Jesús. Amor al prójimo que incluye al que te fastidia, al que te odia o te amenaza. Un amor valiente, que reclama y lucha por la justicia como esqueleto de convivencia y relación. Pero un amor que supera esa normativa para promover la misericordia y la compasión. Orar por vuestros enemigos, devolved bien por mal, amad, reconoced al otro como hijo de Dios, sed compasivos con el que te perjudica, perdonad hasta setenta veces siete. Sólo así nos acercamos a la perfección, a ser fiel reflejo del amor y la perfección del Padre. Combatir el mal con el bien, responder con la no violencia y el perdón, para recibir el perdón de Dios por nuestras culpas, porque también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden. ¡Seamos instrumentos de paz y amor!

Oscar Salazar, O.P. Fraternidad de Laicos Dominicos de San Martín de Porres (Madrid)

Parroquia Sagrados Corazones
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