MARTES DE LA V SEMANA DE PASCUA / CICLO B

MARTES DE LA V SEMANA DE PASCUA / CICLO B

PALABRAS DEL SANTO PADRE

«La paz que nos ofrece el mundo es una paz sin tribulaciones: nos ofrece una paz artificial, una paz que más que paz es tranquilidad. […] En cambio, la paz de Dios es una paz real, que entra en la realidad de la vida, que no niega la vida: la vida es así. Hay sufrimiento, hay enfermos, hay muchas cosas horribles, hay guerras… pero esa paz interior, que es un regalo, esa no se pierde, sino que nos acompaña mientras seguimos adelante llevando pacientemente la Cruz y el sufrimiento de Jesús, sabiendo que una paz sin la Cruz de Jesús no es la paz de Jesús: es una paz que se puede comprar. Incluso podremos confeccionarla nosotros mismos. Pero no es la paz duradera pues se evapora». (Santa Marta 16 de mayo 2017)

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 27-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mi, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo yo».

Reflexión del Evangelio de hoy

Con una fe perseverante

Conocemos y admiramos la aventura de Pablo en su primer viaje misionero, que casi le cuesta la vida. Inspirado por el Espíritu sale a anunciar el mensaje de Jesús, y recorre toda el Asia menor, hasta que en Iconio es apedreado, dejándolo al borde de la muerte. Pero, tal como nos cuenta la lectura de hoy, se levanta sin miedo y, junto a Bernabé, continúa su labor apostólica. Una tarea que según nos describe esta lectura, consiste en animar a los discípulos y exhortarles a permanecer en la fe, pidiéndoles superar las dificultades confiando alcanzar el Reino de Dios. Una predicación fruto de la gracia del Espíritu, reforzada con la oración y el ayuno.

 

Siempre sorprende cómo el entusiasmo de Pablo hizo progresar y expandirse el mensaje de Jesús. Y esa admiración hace que también nosotros nos sintamos llamados a contagiar con nuestro modo de vida, nuestras palabras y nuestro ejemplo la salvación y la fe que vienen del Señor. Vivir la Pascua significa experimentar la vida renovada de Jesús, contagiar ese espíritu nuevo que supera la banalidad del mal y de lo terreno, y lanzarnos a buscar un horizonte de hermandad y de paz que nos reúna y nos aliente en el Señor.

Jesús nos promete la paz de Dios

En el evangelio de hoy Juan nos refleja la confusión y el despiste de los discípulos en los últimos días de Jesús. Un trabalenguas difícil de entender si no se lee desde la Resurrección de Jesús. El Maestro se está despidiendo y quiere transmitir su legado: Os dejo la paz de Dios y el amor del Padre. No es la paz del mundo, la ausencia de conflictos, la convivencia pacífica, el equilibrio contractual, sino esa otra paz que habita en el corazón del creyente. La paz que da amar al Padre y sentir el amor del Padre; querer hacer su voluntad, sabiendo que es el mayor bien que podemos recibir. Dios nos ama como Padre, con un amor compasivo y misericordioso, que nos acoge y sostiene, que nos da la paz interior y la fuerza necesaria para cumplir su voluntad. Jesús nos deja su paz, una paz que ha vencido al pecado y al Maligno, que implica un cambio en los valores del mundo. Es un don de Dios, fruto del perdón y de la misericordia de Dios, que hemos de hacer presente en las relaciones y sociedades de nuestro mundo. Anunciar la resurrección del Señor, es llevar la paz a los corazones de la gente, es tener la valentía de transmitir el perdón y la misericordia que nos llegan con Jesús y que nos obligan a ser trabajadores de paz, a difundir la bienaventuranza de Dios: Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. La paz que se opone al mal, al odio, a la desigualdad, a la marginación. La paz que es fruto de la justicia y don de Dios. Es una enorme tarea que hemos heredado de Jesús. Llevar la paz al mundo significa que nos convertimos en mensajeros de una forma de vida al estilo de Jesús, una forma de comportarnos priorizando a los más pequeños, a los desclasados de la sociedad. Paz para hacer valer la justicia y la hermandad en nuestras vidas, para reclamar unas formas más justas de organización social, un nuevo equilibrio de valores, que permita que las personas interioricen el mensaje de salvación y puedan vivir de acuerdo a los planes de Dios. Así nuestro saludo de paz cobra sentido desde la serenidad interior que Dios nos da. Y hacemos que la paz se instale en nuestro mundo y entre nuestra gente.

¡Que la paz de Dios, el trabajo por los más pequeños, esté con todos nosotros¡

Oscar Salazar, O.P. Fraternidad de Laicos Dominicos de San Martín de Porres (Madrid)

 

Parroquia Sagrados Corazones
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