MARTES DE LA SEMANA XXXIV DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B

MARTES DE LA SEMANA XXXIV DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B

 

EL NACIMIENTO DE DIOS EN EL ALMA POR EL MAESTRO ECKHART

La idea central de la mística ekhartiana, como reconocen hoy la mayoría de especialistas, es la que se refiere al nacimiento de Dios en el alma. Requisitos para este nacimiento interior son el desapego y abandono y “un corazón vehemente en el que reine sin embargo una indestructible y silenciosa paz”.

El nacimiento del Verbo se produce en lo más puro y valioso de nuestra alma, en lo más interior de nuestro interior: en esa chispita o scintilla, que recibe en Eckhart diferentes nombres. El Maestro Eckhart nos invita a vivir y permanecer en nuestro fondo, en nuestra esencia, pues es ahí donde Dios nos toca “con su simple esencia, sin que haya ninguna imagen como intermediaria” (Pr. 101; p. 83). Nos toca allí “donde todas las potencias están retiradas de toda su actividad” (id.; p. 84).

El alma debe estar en paz, serena y en reposo, como dice el profeta: “cuando todas las cosas descansaban en un profundo silencio, descendió hacia mí desde lo alto, …, una palabra secreta”.

Eckhart cita al Pseudo-Dionisio, quien exhortaba a Timoteo para que procurase tener su “espíritu libre de ansiedades”, elevándose por encima de sí mismo, “por encima de toda forma y de toda esencia”, “para llegar a un conocimiento del Dios desconocido”. Le recordaba también la necesidad de “un desapego de todas las cosas” pues que “a Dios le repugna actuar entre toda clase de imágenes”…

Francisco Martínez Albarracín

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21,5-11

En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida». Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?». Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida». Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo».

Reflexión del Evangelio de hoy

 Camino, verdad y vida

Al final del año litúrgico San Lucas nos presenta un panorama de destrucción que está acorde con los signos de los tiempos en que vivimos y que se han vivido a lo largo de los siglos: catástrofes naturales como terremotos, volcanes que despiertan, inundaciones, tsunamis, pandemias, y otras provocadas por el propio hombre, como guerras, etc. En la actualidad por todos los acontecimientos acaecidos nos hace pensar que, tal vez, nos encontremos ante un cambio de ciclo.

La destrucción del templo de Jerusalén es la imagen que sirve para introducir el discurso sobre el final de los tiempos. El maravilloso templo, orgullo de todos los judíos por su belleza y por lo que representaba, caminaba hacia su final.

Entonces, la relación del hombre con Dios no será ya a través de signos, sino cara a cara, en perfecta comunicación de vida. Podemos imaginar la inquietud que estas palabras produjeron en los oyentes. La pregunta brota necesariamente: Señor ¿cuándo va a suceder esto?

San Lucas vive en una comunidad que tiene la sensación de que el fin de los tiempos se está retrasando demasiado; por eso le interesa dejar bien claro que el final no vendrá enseguida, no se trata de algo inminente. Los oyentes de Jesús estaban ansiosos por saber cuáles signos debían esperar cuando viniera este fin. Pero el momento en que un evento tal va a suceder, es un secreto de Dios Padre.

Aunque la salvación y el Reino de Dios ya están actuando, todavía es tiempo de vivir en la espera de su consumación definitiva.

Es fácil que en algunas circunstancias y en momentos de prueba haya personas aterrorizadas y desesperadas que buscan algo o a alguien para que les muestre el camino, pero para los cristianos el único camino, verdad y vida a seguir es Jesús y no hace falta buscar nada más. Confiemos siempre en Él que no nos defraudará. ¡Ojalá que este camino lo anduviese toda la humanidad!

Dña. Montserrat Palet Dalmases. Fraternidad Laical de Santo Domingo (Barcelona)

 

Parroquia Sagrados Corazones
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