MARTES DE LA III SEMANA DE ADVIENTO – CICLO C / SAN JUAN DE LA CRUZ

MARTES DE LA III SEMANA DE ADVIENTO – CICLO C / SAN JUAN DE LA CRUZ

SAN JUAN DE LA CRUZ, Presbítero, carmelita descalzo, doctor de la Iglesia.

Fontiveros (Ávila), 1542 – Úbeda (Jaén), 14-diciembre-1591

[…] Juan, nuestro santo nació en Fontiveros en 1542, ignorándose el mes y el día. El nombre de Juan responde a Juan el Bautista. En 1551 pasa, junto a su familia, a vivir a Medina del Campo.

[…] En 1563, habiéndose planteado seriamente la elección de estado, se decide por la vida religiosa carmelitana y entra en el convento de Santa Ana de Medina del Campo. Toma el nombre de fray Juan de San Matías. Al año siguiente hace su profesión.  De 1564 a 1568 estudia en la Universidad de Salamanca. Ordenado sacerdote en 1567, en el verano-otoño de ese año se encuentra con Santa Teresa de Jesús. Tiene la madre 52 años y fray Juan 25. […] Teresa le gana para su causa: comenzar la reforma de la vida religiosa entre los frailes del Carmen, como ya la ha comenzado ella en 1562 entre las monjas. Fray Juan acepta la propuesta con una sola condición: que se haga pronto, que no se tarde mucho. […] A la reforma dedicará el resto de su vida.

[…] Ejemplo para todos en la enfermedad como lo ha sido siempre en toda su vida, muere santamente en Úbeda a las 12 de la noche del 13 al 14 de diciembre de 1591. Se va como dice a cantar maitines al cielo, con Nuestra Señora, de la que era devotísimo y de la que había escrito cosas preciosas en verso y en prosa. Los maitines celestes a que acude presuroso eran de Nuestra Señora, al ser sábado y rezarse de Santa María. Tenía 49 años.

Su cuerpo fue trasladado a Segovia en mayo de 1593. Beatificado por Clemente X en 1675. Canonizado por Benedicto XIII el 27 de diciembre de 1726. Su fiesta litúrgica ha sido ya definitivamente cambiada del 24 de noviembre al 14 de diciembre, su dies natalis.

Pío XI le declara Doctor de la Iglesia universal el 24 de agosto de 1926. Juan Pablo II lo declaró patrono de los poetas de lengua española en 1993. Por los años cuarenta, el 21 de marzo, comienzo de la primavera, los poetas españoles lo habían proclamado su patrono, haciendo gran fiesta con profusión de poesías en ese día de cada año.

La ejemplaridad de Juan de la Cruz es inmensa. Ya Santa Teresa dice de él que ha sido siempre santo, que es hombre celestial y divino, que no halla ningún otro que tanto afervore en el camino del cielo. Afervoraba con su palabra y con la santidad de su vida llena de pruebas y tribulaciones. No se le había regalado nada. Señalado con la cruz desde su tierna infancia, se ha distinguido por su conformidad con la voluntad divina, por su dulzura, por su espíritu de oración y trato con Dios, por su enorme paciencia en los sufrimientos de la cárcel y de su última enfermedad.

Además de santo y maestro de viva voz es escritor, doctor de la Iglesia, que por boca de Pío XII ha calificó sus libros de «pura fuente del sentido cristiano y del espíritu de la Iglesia».

No sólo fue fundador de los descalzos carmelitas, sino también  formador: maestro de novicios, maestro de estudiantes, demoledor de extravagancias, gran consejero, hombre de gobierno local, provincial, general en el seno de su familia religiosa.

Su magisterio entre los frailes y monjas del Carmelo fue muy abundante, de viva voz y escrito. Sabía iluminar el camino, acompañar al caminante, estimular en el seguimiento de Cristo, quitando tropiezos y alentando positivamente desde la vida teologal. Se desvivió en su apostolado múltiple no sólo en pro de frailes y monjas, sino también de sacerdotes y seglares. Sembraba a manos llenas, teniendo como lema que no había que tener acepción de personas, sino mirar a todos como almas redimidas por la sangre de Jesucristo nuestro Señor. Su buena dirección espiritual en Ávila, Baeza, Granada, Segovia era proverbial.

Ahora todo su saber y su experiencia de Dios están puestos más que nunca a disposición de la Iglesia entera. Quien batalló tanto por defender lo teologal frente a las fantasmagorías de visiones y revelaciones, por las que andaban desaladas tantas personas, sigue con su cátedra abierta en este orden de cosas. Es el gran maestro en los caminos del espíritu, en las vías de la oración y del discernimiento. Espiritualidad alegre y sana la suya. […]

José Vicente Rodríguez, O.C.D.

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 21,28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue. ¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?». Contestaron: «El primero». Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

 

Reflexión del Evangelio de hoy

 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?

Jesús cuenta esta parábola,  (exclusiva de Mateo), en el templo. El contexto es de claro rechazo de los dirigentes judíos hacia Jesús. La pregunta introductoria se dirige a los sumos sacerdotes y a los ancianos, que habían venido a interrogarle sobre su autoridad. Pero también  Mateo, con esta parábola se está dirigiendo  a los cristianos de su comunidad,  y de igual manera, a los de hoy.

Jesús no pierde la paz. Con paciencia incansable sigue llamándolos a la conversión. Les cuenta la conversación de un padre que pide a sus dos hijos que vayan a trabajar a la viña de la familia. Jesús pone delante de ellos dos actitudes; lo hace con dos cuadros diferentes, los detalles que Jesús expresa enriquecen la lectura. Es un padre que cariñosamente pide algo a sus hijos. El primero rechaza al padre con una negativa tajante: “no quiero”. No da explicación alguna. Sencillamente no le da la gana. Sin embargo más tarde reflexiona, se da cuenta que está rechazando al padre y, arrepentido, marcha a la viña. El segundo atiende amablemente la petición de su padre: “voy señor”. Parece está dispuesto a cumplir sus deseos, pero pronto se olvida de lo que ha dicho. Todo queda en palabras y no va a la viña.

¿Quién hace la voluntad del padre? La respuesta es clara: el que va a la viña, aunque antes se hubiera negado a ello. Hasta aquí, no hay duda sobre la enseñanza de la parábola: No vale lo que los hijos dicen, sino lo que hacen. A continuación, Jesús reinterpreta la parábola a la luz de la situación de hostilidad que está sufriendo por parte de las autoridades religiosas. Comienza la explicación de manera directa y provocativa: “os aseguro que los publicanos y prostitutas os llevan delantera en el camino del reino de dios”. Quiere que reconozcan su resistencia a entrar en el proyecto del Padre. Ellos que son los guardianes y especialistas del templo, del culto, y de la ley. Ante el pueblo son irreprochables. No sienten la necesidad de conversión y van rechazando tanto las enseñanzas de Juan como el mensaje de Jesús, hasta llegar a apresarle y condenarle. Por el contrario, los publicanos y prostitutas que son los  que han dicho un gran no al dios de la religión, han quedado fuera del culto y de la ley judía. Sin embargo su corazón se ha mantenido abierto a la conversión. Llegó Juan y se acercaron a recibir su enseñanza, y al llegar Jesús se apresuraron a seguirle. Esta invitación solo nos llega si nos sentimos necesitados. Hoy, una vez más, el Señor nos invita a entrar en la voluntad del Padre, a convertirnos, a ser coherentes y testimoniar ante el mundo con nuestra vida que merece la pena creer en su promesa.

Hna. Virgilia León Garrido O.P. Congregación Romana de Santo Domingo

 

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