LUNES DE LA VII SEMANA DE PASCUA- CICLO B / SAN PASCUAL BAILÓN

LUNES DE LA VII SEMANA DE PASCUA- CICLO B / SAN PASCUAL BAILÓN

SAN PASCUAL BAILÓN

«Hay que tener para Dios el corazón de un niño; para el prójimo, el corazón de una madre; para uno mismo, el corazón de un juez”.

Pascual nació en una familia pobre en Aragón, España, y desde temprana edad fue enviado a pastorear sus rebaños. Para él, que tanto amaba a Jesús, era la condición ideal: podía aislarse a menudo, meditar y orar.
También aprende a leer, como persona autodidacta, practicando la lectura con los libros de oración. A los 18 años intentó entrar en el convento franciscano de Santa María de Loreto de los franciscanos reformados – llamado Alcantarinos por la obra de San Pedro de Alcántara, pero fue rechazado quizás por su juventud. Un hombre rico para quien trabaja le ofrece también adoptarlo y hacerlo su heredero, pero no lo acepta: será franciscano, está convencido de ello. Y de hecho lo intentó de nuevo en 1564 y se convirtió en novicio.

El humilde portero en viaje a París

Pascual se destacó inmediatamente en el convento: tenía una inteligencia brillante, una fe inquebrantable y una increíble dedicación a la oración y a la adoración del Santísimo Sacramento. Pero permanecerá como hermano laico toda su vida, en contra de los consejos de sus superiores, porque se sentía indigno del ministerio del sacerdocio, de tocar a Jesús Eucaristía con sus propias manos. También rechazó cualquier tarea importante, llevando a cabo las tareas más humildes, especialmente la del conserje, tanto en el convento de Játiva como en el de Valencia. Pero hay una tarea que no puede rechazar, la que le fue confiada en 1576 por el ministro provincial: llevar documentos importantes al Padre General que reside en París.

El «Serafín de la Eucaristía»

El viaje a París es largo y peligroso: Pascual corre el riesgo de ser asesinado por los calvinistas. A menudo es golpeado, burlado e insultado. En Orleans casi lo matan a pedradas por haber entretenido una acalorada disputa sobre la Eucaristía con sus oponentes. La Eucaristía está tan en el centro de la vida y de la espiritualidad de Pascual, que cuando regresa de París escribe una colección de frases para demostrar la presencia real de Jesús en el Pan y el Vino y para argumentar sobre el poder divino transmitido al Papa. Este folleto llegó a Roma en manos del Papa y le valió el apodo de «Serafín de la Eucaristía».

Pentecostés y los dones del Espíritu

Hay una curiosa coincidencia en la vida de Pascual: nació el 16 de mayo de 1540, el día de Pentecostés, y murió, agobiado y probado por el ayuno continuo y la privación física, el 17 de mayo de 1592, fiesta de Pentecostés.
Entre otras cosas, su nombre, Pascual, lo debe precisamente a eso: la solemnidad de Pentecostés, de hecho, también se llama en español «Pascua rosada» o «Pascua de Pentecostés». Junto a pobreza material que buscaba y que le acompañaría a lo largo de su vida, será muy rico de los dones del Espíritu Santo, especialmente del don de sabiduría. Aunque apenas sabe leer y escribir, son muchas las personalidades que acuden a él en busca de consejo y entre los franciscanos se le considera como un grande teólogo, así como un punto de referencia para los fieles. Sin embargo, como se ha dicho, nunca será sacerdote y nunca disfrutará de la alegría de dar Jesús Eucaristía a los fieles. Una de las muchas privaciones que decide infligirse a sí mismo porque no se considera lo suficientemente digno.

Muerte y adoración

Probado por las mortificaciones de su cuerpo, Pascual murió en 1592 en el convento de Villa Real, después de haber comulgado. Durante su funeral se dice que en el momento de la elevación abrió los ojos para adorar por última vez a Jesús. Fue canonizado por Alejandro VIII casi un siglo más tarde, mientras que en 1897 León XIII lo proclamó santo patrón de las Obras y Congresos Eucarísticos.

PALABRAS DEL SANTO PADRE

Esta es por tanto la gracia de la oración cristiana: Cristo no está lejos, sino que está siempre en relación con nosotros. No hay aspecto de su persona divino-humana que no pueda convertirse para nosotros en lugar de salvación y de felicidad. Cada momento de la vida terrena de Jesús, a través de la gracia de la oración, se puede convertir para nosotros en contemporáneo, gracias al Espíritu Santo, la guía. Pero vosotros sabéis que no se puede rezar sin la guía del Espíritu Santo. ¡Es Él quien nos guía! AUDIENCIA GENERAL 28 de abril de 2021

Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 29-33

En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús: «Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios». Les contestó Jesús: «¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».

Reflexión del Evangelio de hoy

¿Qué bautismo habéis recibido?

Estamos en la segunda parte de la gran misión paulina (su tercer viaje) centrada principalmente en la ciudad de Éfeso, una de las más bellas del imperio y un importante centro religioso, político y comercial. En esta ciudad es donde Pablo permaneció durante más tiempo. Para el evangelista este último viaje en libertad del Apóstol es una especie de colofón a su gran obra misionera. Al igual que Apolo, que solo conocía el bautismo de Juan y tuvo que ser instruido por Aquila y Priscila, los discípulos con los que se encuentra Pablo en Éfeso están en la misma situación. Ellos habían aceptado a Jesús, pero su bautismo estaba incompleto. Convertirse a Jesús implica volverse a Él, conocerle, creer en su persona y bautizarse; es decir, sumergirse en la comunión trinitaria mediante el Espíritu Santo.

El bautismo de Juan era un bautismo de conversión a la espera de las promesas mesiánicas y de la venida del Reino de Dios. Ahora, Pablo les exhorta al bautismo del Espíritu en el nombre del Señor Jesús, mediante la imposición de manos. El efecto del Espíritu sobre los discípulos es semejante a lo ocurrido en Pentecostés. Se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar, dos de los carismas que se daban en la Iglesia primitiva. Aunque Pablo insistirá que el mayor de los carismas y al que debemos aspirar todos es el de profecía.

“El bautismo es, por lo tanto, dice el Papa Francisco, un signo eficaz de renacimiento, para caminar en una nueva vida…y permite a Cristo vivir en nosotros y a nosotros vivir unidos a él, para colaborar en la Iglesia, cada uno según su condición, en la transformación del mundo.” ¿Cómo vivimos nuestro Bautismo?

Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones

El evangelio de hoy nos sitúa como creyentes en Jesús en la segunda parte de una perícopa de “largo alcance” (Jn 29-32) con un gran final (v.33). En la primera parte (Jn 16,23-28) Jesús ha hecho una declaración solemne a sus discípulos acerca de la relación de estos con el Padre. La unión profunda que sus seguidores tienen con Él es la que los lleva a Dios. Jesús no es un mero intercesor, Jesús nos une a su persona e identidad, para mostrarnos el amor infinito del Padre hacia sus hijos. Dios ofrece su amor al mundo entero, su misericordia es universal, no tiene medida sólo espera que el ser humano sea capaz de responder a tanto amor.

Esta segunda parte comienza con una declaración de los discípulos hacia el Maestro: Ahora sí que hablas claro. Ellos creen que el Padre ha enviado a Jesús y que ya pueden entenderlo todo, sin embargo, el evangelista utilizando la ironía, cuenta como Jesús les ha dicho a los suyos que se acerca la hora de entender plenamente no que ya hubiera llegado. Los discípulos con una fe ilusoria han interpretado mal las palabras de Jesús. El Señor con paciencia y pedagogía hacia aquellos que tanto ama les responde ¿Ahora creéis?La fe auténtica tiene como objeto a Jesús en la cruz y su entrega es fuerza salvadora para toda la humanidad. Los discípulos creen que siguen a un Maestro excepcional, lleno de saber, pero Jesús es Maestro desde la cruz, desde su entrega. Cuando ellos tengan que enfrentarse a esta realidad, abandonarán a Jesús, lo dejarán solo. Pero el Padre está con Él y su presencia se mostrará en la máxima soledad del Señor. No basta reconocer que Jesús viene del Padre también hay que saber que va con el Padre a través de su entrega total en la cruz.

Nuestro texto finaliza con la victoria de Jesús. El Señor quiere tranquilizar a los suyos en medio de persecuciones y situaciones de dificultad. Quien permanezca unido a Él tendrá paz. Solo Jesús puede regalarnos esa paz interior que nos lleva a ser capaces de afrontar cualquier dificultad, que mantiene nuestro ánimo y nos ayuda a vivir con alegría el hoy de nuestra vida. Y todo porque Él ha vencido al mundo, ofreciéndole el don de su entrega y de su amor. Hoy también Jesús puede preguntarnos a nosotros y nosotras: ¿Ahora creéis?

Hna. Carmen Román Martínez O.P. Congregación de Santo Domingo

Parroquia Sagrados Corazones
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