LUNES DE LA III SEMANA DE PASCUA – CICLO C / SAN ATANASIO

LUNES DE LA III SEMANA DE PASCUA – CICLO C / SAN ATANASIO

Biografia de San Atanasio

San Atanasio, obispo y doctor de la Iglesia
Alejandría, 295/97 – Alejandría, 2-mayo-373

Ferviente defensor de la encarnación frente a las posiciones arrianas. Por ello fue perseguido en varias ocasiones lo que le obligó a vivir desterrado cobijado por monjes, como discípulo muy próximo de San Antonio.

 

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 22-29

 

Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos. Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.  Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?». Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios». Ellos le preguntaron: «Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?». Respondió Jesús: «La obra de Dios es esta: que creáis en el que Él ha enviado».

Reflexión del Evangelio de hoy

«No lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba»

Este episodio de los Hechos de los Apóstoles nos presenta -tras la unción de los siete discípulos como Diáconos para la ayuda de los Apóstoles-, hombres de profunda fe y respetados en la comunidad. Uno de ellos, Esteban, iluminado por el Espíritu, predicaba y realizaba grandes prodigios. Esta situación provocó que unos cuantos de la sinagoga de “los libertos” -que eran descendientes de los que Pompeyo esclavizó y llevó a Roma en el 63 a. C., y que, tras su liberación, habían recibido una cierta educación helenística y procedían de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia-; al no poder rebatir la sabiduría y espíritu con que hablaba Esteban, comenzaron a difamarle y, buscando falsos testigos, lo denunciaron ante el Sanedrín, pero él, ante los miembros del Consejo, permaneció tranquilo y su rostro se iluminó como a Moisés cuando bajó del Sinaí, pareciéndoles que fuera el rostro de un ángel. Cuantas veces, cuando no se tienen argumentos para rebatir una verdad evangélica, se recurre a la difamación y la calumnia y, mucho peor, cuando éstas proceden de tu mismo ámbito religioso. ¡Qué difícil es aceptar que el otro tiene razón! Nos creemos que nuestros argumentos son los verdaderos y, ni tan siquiera, intentamos escuchar los argumentos de los demás. Nuestra reacción es desacreditar al contrario, sin pararse a pensar en las consecuencias de nuestros actos y en el daño que podemos producir. En el caso de Esteban finalizó en el martirio, siendo lapidado por sus propios conciudadanos, porque no supieron o no quisieron asumir las verdades con las que les habló en el desigual juicio. Él fue fiel y constante en su fe y cumplió lo que nos dice el salmo 118: “Dichoso el que camina en la ley del Señor. Apártame del camino falso y dame la gracia de tu voluntad”

«Trabajad no por el alimento que perece, sino por el que perdura para la vida eterna»

Jesús, el día anterior al fragmento que hemos contemplado, había bendecido los cinco panes y dos peces, con los que alimentó a la multitud que lo seguía y que habían acudido a escucharlo. La gente, admirada, pretendía, según Juan, hacerlo rey, pero Él se escabulló y se retiró a orar; los discípulos tomaron una barca para dirigirse a Cafarnaúm, soplaba un viento fuerte que encrespó el mar. En plena tormenta ven a Jesús andando sobre el mar acercándose, tuvieron miedo, pero Él les tranquilizó: “Soy yo, no temáis”, y enseguida tocaron tierra. La gente buscaba a Jesús y al final lo encontraron en Cafarnaúm enseñando, y le preguntaron que cómo había llegado allí. La respuesta de Jesús fue taxativa: “me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis hasta saciaros”, como reprochándoles que les interesaba más la satisfacción de sus necesidades materiales, que lo que realmente significaba el signo del que habían sido testigos; por eso les invita a que trabajen no por el alimento perecedero, sino por el que permanece y da la vida, insistiendo en el sentido eucarístico del pan que comieron. Jesús con este dialogo está orientando a aquellos que le escuchan y le buscan, para que nos olvidemos de nuestros intereses materiales mundanos y transformemos nuestra vida para tener como meta el adherirnos totalmente a Él, como enviado del Padre, lo cual nos llevará a una auténtica plenitud y así poner a disposición de nuestros semejantes, todo el potencial de humanidad que llevamos en nuestro interior. Muchas veces cerramos los ojos a los signos que Dios pone ante nosotros, y nos interesa más ocuparnos de lo inmediato, que de lo realmente transcendente. San Atanasio no cerró sus ojos, se dejó empapar de la gracia de Dios, y dedicó su vida a la predicación de la Buena Noticia, y luchar fervientemente contra el arrianismo. ¿Estamos abiertos a las opiniones de los demás? ¿Ante lo que es contrario a lo que pensamos, respondemos desacreditando? ¿Nos importa más lo transcendente o lo meramente inmediato y material?

D. José Vicente Vila Castellar, OP – Fraternidad Laical Dominicana Torrent (Valencia)

Parroquia Sagrados Corazones
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