LA SAGRADA fAMILIA: ‘Familia, hogar de la misericordia’

LA SAGRADA fAMILIA: ‘Familia, hogar de la misericordia’

Fiesta de la Sagrada Familia: Jesús, María y José.

   El relato evangélico nos dice que el niño Jesús (tenía doce años), sin avisárselo a sus padres, se queda en el templo de Jerusalén, escuchando y preguntando a los maestros de la Ley. Cuando María y José advierten que no está en la caravana,  lo buscan angustiados …

Fiesta de la Sagrada Familia: Jesús, María y José.

 

   El relato evangélico nos dice que el niño Jesús (tenía doce años), sin avisárselo a sus padres, se queda en el templo de Jerusalén, escuchando y preguntando a los maestros de la Ley. Cuando María y José advierten que no está en la caravana,  lo buscan angustiados. El episodio nos indica que no podemos idealizar la familia de Nazaret como si en toda ocasión hubiera sido una balsa de aceite. El diálogo tenso que mantienen la madre y el hijo adolescente al encontrarse, muestra las dificultades de comprensión que surgen entre padres e hijos a medida que estos van creciendo.

   María reprocha al hijo su trato para con ellos: Hijo, ¿por qué nos has tratado así?; y Jesús responde, a su vez,  reprochando a sus padres que no  comprendan su comportamiento: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?

   El evangelista, a continuación, deja claro que los padres no entendieron la respuesta de su hijo: Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. No comprendieron, pero se esforzaron por ir conociendo más y más  a su hijo y la vocación a la que el Padre le llamaba: Su madre guardaba todo esto en su corazón. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Jesús también se esforzó por comprender a sus padres. Dice el evangelio que bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.

   En el hogar de  Nazaret Jesús encontró el ambiente familiar  que le ayudó a ir creciendo física e intelectualmente, y en gracia ante Dios y ante los hombres.        

   Este año, como estamos en el Año de la Misericordia,  se nos propone para la fiesta de la Sagrada Familia este  lema: FAMILIA, HOGAR DE LA  MISERICORDIA.

   El lema es sugerente y nos señala un ideal que, por cierto, no es fácil alcanzar. ¡Cuántas familias rotas, separadas y divididas! ¡Qué difícil se hace en muchas circunstancias la relación y la comprensión entre los esposos, entre los padres y los hijos, y entre los hermanos!

   Vivir en el hogar la misericordia  significa hacer presente la riqueza de valores y actitudes que tiene en la Sagrada Escritura, y que ‘es la palabra clave para indicar el actuar de Dios hacia nosotros’ (MV, 9). Misericordia equivale a amor, ternura, compasión, clemencia, bondad y perdón.

   ‘Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre’. Un padre cuyo retrato más acabado nos lo deja Jesús en la parábola del padre misericordioso y los dos hijos. El cartel anunciador de esta Jornada de la Familia es precisamente el famoso cuadro de Rembrandt: el padre estrecha contra sí al hijo pródigo que retorna al hogar. La actitud del padre rezuma amor entrañable, comprensión sin límites y perdón incondicional. El hijo, arrodillado, muestra añoranza del calor de hogar, dolor por el sufrimiento causado y ansia de restablecer los lazos familiares. El hijo pródigo ha comprendido que solo volviendo al hogar puede sanar sus propias heridas y las de su familia.

   San Pablo, en un pasaje de su primera carta a los Corintios y que con tanta frecuencia se proclama en la celebración del matrimonio, nos expone el camino más excelente para que la familia sea hogar de misericordia. Ese camino es el amor y, si no hay amor, de nada serviría poseer otros dones y cualidades. Este amor del que habla san Pablo no es nada teórico, sino muy concreto y que se ciñe a la convivencia diaria familiar: el amor todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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