JUEVES SANTO

JUEVES SANTO

JUEVES SANTO

Os miraba cenar. Eso era cierto

vuestro ruido de bocas, vuestra sed,

vuestro tomar en serio, respetuosos

con cada miga, lo de vuestros platos.

Del andar por los secos olivares

detrás de mi palabra, esto os quedaba:

una vaga doctrina en la fatiga,

y mi hambre polvorienta y verdadera.

José Mª Valverde

LA MESA

Los hombres han inventado muchas mesas: mesas de negociaciones, mesas ovales, mesas de caballeros de la Tabla Redonda, mesas interminables para banquetes insulsos… que ni han saciado el hambre ni han mitigado la sed.

 

Jesús cuando llegó la hora, sentó a sus amigos a la mesa. La mesa de siempre, la de todos los tiempos, la mesa sencilla de la hogaza y la jarra. Y la palabra.

 

Sorbo a sorbo de vino- trozo a trozo de pan, les fue desgranando lo más hondo de su sentir, lo más profundo de su querer: “¡Cuánto he deseado cenar con vosotros esta Pascua de mi Pasión!”. Lc 22

 

Veintiún siglos después, sigue deseando cenar conmigo. Sigue invitándote,- entre hogazas, jarras y palabras-, a compartir el proyecto del Reino: “Vosotros os habéis mantenido a mi lado en mis pruebas…Cuando yo sea rey comeréis y beberéis a mi mesa”. Lc.22 En este jueves santo por las anchas dehesas extremeñas, por los verdes primaverales prados de Cantabria o por las calles y plazas de la urbe apresurada, Jesús volverá a convocarte, como cada domingo, a celebrar su Pascua.. La Pascua de los amigos, de los que sienten necesidad de su Palabra, de los que quieren cambiar las cosas descentradas, de los que quieren llorar penas, muertes y ausencias, de los que quieren hacer de nuestro mundo una gran mesa donde todos puedan mirarse cara a cara y compartir, entre hogaza y jarra, la Palabra que transforma y cambia.

Cuando te acerques hoy a su mesa,- aunque sea espiritualmente-, te hará una petición, una sola: “Si yo el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavar los pies unos a otros”. Jn 13,13

Desde este momento la mesa se convierte en hospital, en cárcel, en cama maloliente, en pobre con llagas, en enfermo…y tú en su servidor. En la caída de la tarde, habiendo sosegado el alma, deja los afanes personales y elige, como María, la mejor parte: la contemplación del Señor, que te invita, desde su mesa, a lavar los pies a un mundo enfermo y andrajoso.

 

 

 

 

 

 

Parroquia Sagrados Corazones
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