Jueves Santo: Recordando a las víctimas del terrorismo…

Jueves Santo: Recordando a las víctimas del terrorismo…

Tarde de Jueves Santo. Tarde de despedidas y confidencias. Jesús, sabiendo que había llegado la hora de dejar este mundo para ir al Padre, se reúne por  última vez con sus discípulos para,  en la cena pascual, abrirles su corazón…

Tarde de Jueves Santo. Tarde de despedidas y confidencias. Jesús, sabiendo que había llegado la hora de dejar este mundo para ir al Padre, se reúne por  última vez con sus discípulos para,  en la cena pascual, abrirles su corazón y dejarles su legado y mandamiento más preciado: En esto conocerán que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros como yo os he amado.

Jesús concluye la cena de despedida con una oración al Padre en la que le suplica, en primer lugar,  por los amigos que con a él están reunidos, sus discípulos: Ya no os llamo siervos, sino amigos porque todo lo que he oído del Padre os lo he dado a conocer.

Ruega también por todos los que creerán en él por medio de la palabra y testimonio de sus discípulos. Jesús pide al Padre que los defienda del maligno, del mal.

Como  en la Última Cena, Jesús nos ha convocado esta tarde para compartir  con nosotros sus sentimientos y su  dolor por el sufrimiento de tantos discípulos suyos que, víctimas del mal, sufren persecución y martirio,  desencadenados en tantos lugares del por el fanatismo político y religioso.

En este Día del Amor Fraterno cómo no traer a nuestra oración a la Iglesia perseguida y, en concreto, a los cristianos coptos de Egipto que, mientras celebraban con gozo el Domingo de Ramos, sufrieron los atentados de la catedral de San Marcos en Alejandría y en la iglesia de San Jorge en la ciudad de Tanta.

No podemos, sin duda alguna, olvidar tampoco ni a las víctimas y familias de los atentados recientes ocurridos en diversas ciudades de Europa, ni la cruel guerra de Siria.

Con el Papa debe subir nuestra oración al corazón de nuestro Padre Dios para que convierta el corazón de las personas que siembran el terror, la violencia y la muerte, así como el corazón de quienes fabrican y trafican con armas.

Jesús, en la tarde de su despedida, suplica además con insistencia por la unidad: ¡Que todos sean uno! La unidad y la fraternidad universal es el gran anhelo de Jesús. Él  da su vida por todos y, sin embargo,  el mundo sigue  dividido y roto; incluso los cristianos, sus discípulos, estamos divididos entre nosotros.

Precisamente el viaje que el Papa va a realizar a Egipto los días 28 y 29 de este mes, tiene como objetivo participar en la conferencia internacional por la paz, organizada por una universidad musulmana.

Nuestra súplica por la unidad y la paz, la comprensión y la tolerancia, debe ir acompañada de una actitud de amor y de servicio. Amor y servicio son inseparables. Amar al hermano como Jesús amó,  es servirlo; y servir al hermano es amarlo como Jesús amó.  Jesús  es el espejo en que debemos mirarnos constantemente.

Como anticipo del gesto definitivo y del acto insuperable de un amor hasta el extremo, que es su entrega en la cruz, Jesús realiza hoy, como se proclama  en el Evangelio, el gesto de lavar los pies a sus discípulos: Jesús se levanta de la mesa, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Jesús ahora nos pregunta como a sus discípulos: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Sin duda que lo comprendemos, aunque a veces no lo vivamos ni llevemos a la práctica. Jesús es claro: Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.

Día del Amor Fraterno: lo que urge es que amemos con algo más que con palabras.

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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