EVANGELIO viernes de la III semana de Pascua

EVANGELIO viernes de la III semana de Pascua

EVANGELIO                                                                                             San José Obrero

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 52-59

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:
«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

REFLEXIÓN

El que me come vivirá por mí… y vivirá para siempre”

Los cristianos, como María en su Magnificat, podemos proclamar que el Señor ha hecho maravillas en todos nosotros. Aunque se lo hemos oído muchas veces a Jesús, lo que nos dice en el evangelio de hoy entra ciertamente en el terreno de lo grandioso, de lo maravilloso.

Adelantándose a lo que va a hacer en la última cena, nos asegura que “mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”. Pero no se queda ahí, sigue en su línea de maravillas: “El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él… el que me come vivirá por mí… y vivirá para siempre”.

Jesús, que es Amor y no puede más que amar, sabe que el que ama siente la necesidad de estar con el amado, de vivir en unión con el amado. La eucaristía, instituida por Jesús en el primer Jueves Santo de la historia, es la prueba clara de lo mucho que nos ama Jesús. Ahí nos regala su presencia, su cuerpo entregado y su sangre derramada. Podemos pedirle que creamos sus palabras, sus hechos, y que le correspondamos amándole con toda la intensidad de nuestro corazón. Que no sepamos vivir sin él, el amor primero de nuestra vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Parroquia Sagrados Corazones
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