EVANGELIO Sábado de la XXIIII semana del TO

EVANGELIO Sábado de la XXIIII semana del TO

EVANGELIO

evangelio según san Lucas 6, 43-49

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:
«No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.
¿Por qué me llamáis Señor, Señor , y no hacéis lo que digo? Todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificó una casa: cayó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba sólidamente construida.
El que escucha y no pone en práctica se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa».

REFLEXIÓN

De lo que rebosa el corazón habla la boca

El Evangelio de San Lucas nos plantea la importancia de la coherencia entre lo que creemos y vivimos. Si hay algo que Jesús continuamente denuncia es la hipocresía de los fariseos, pues habían convertido la religión en un conjunto de normas y prácticas, olvidando el corazón de la Ley que es el Amor: no un precepto, sino una exigencia, una actitud de vida, una entrega.

Jesús sale al encuentro de las gentes y les predica desde la Verdad de su Persona y de sus obras. No busca admiradores o adoradores de su persona o su doctrina, sino seguidores. Creer en Jesús significa seguirle, implicarse en la construcción del Reino, denunciar las injusticias, tener entrañas de misericordia…

Ser cristiano, pues, es construir mi existencia sobre la piedra angular de Cristo, que su Palabra se haga presente en mi ser y actuar, que su Amor haga de mi vida una fuente de alegría para los demás. Parafraseando a San Pedro: “¿A quien vamos a acudir? Solo Tú tienes Palabras de Vida Eterna”

“Al final, lo de Dios no es un puro voluntarismo ni un discurso moral sobre lo bueno y lo malo, aunque ayude a entender las categorías del deber, del bien o del mal. Lo de Dios tiene que ver con una profunda ternura por la vida y la gente, con una alegría cuya fuente es mucho mayor que cada uno de nosotros, con el extraño encuentro de lo divino y humano en Jesús, con una manera de actuar de Dios que llamamos gracia y que, cuando nos invade, transforma nuestras perspectivas, alienta nuestras luchas y nos da alas para vivir apasionados”.

(José Luis Rodríguez Olaizola “En tierra de nadie”)

 

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