EVANGELIO miércoles III semana de Pascua

EVANGELIO miércoles III semana de Pascua

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

REFLEXIÓN

En el evangelio encontramos la respuesta. Él, que ha escondido estas cosas a los sabios y entendidos, termina mostrándoselas a quienes sabiéndose pequeños y necesitados de su presencia/ayuda, saben confiar, esperar. Es una Buena Noticia para los cansados y agobiados si vamos hacia Él que nos invita, no nos fuerza a ir hacia su hombro amigo, donde encontraremos el descanso necesario para nuestro cansancio y agobio.

Yugo llevadero. Carga ligera. Por eso suele decirse y es verdad: Dios no da más cargas que las que podamos soportar. Sabe de nuestras fortalezas y de nuestras debilidades; pero sabe también que Él tiene arte y parte en ellas y no abandona a los suyos. Jesús habla aquí con el conocimiento que le proporciona su observación de las gentes, aquel palpar cuánto dolor y cuántas cargas tenían que soportar.

Eso hace que Él se muestre como el que arrima el hombro, la palabra animosa, el silencio respetuoso. Él es el salvador/palanca que levanta a cada uno que a Él acude desde la postración y la experiencia del necesitado de ayuda. Esa debe ser nuestra actitud pascual, la de la sensatez, la de la confianza, la de quien pone los ojos en quien inspira toda la confianza y no en otros que llenan de promesas su boca y al final nada hacen.

Y no se trata tan solo de que Él nos ayude y ponga su hombro, sino de que nosotros seamos continuadores de esa actitud: poner el nuestro para que otros se apoyen y encuentren el consuelo anhelado. “No basta sostener al débil, hay que sostenerlo después”, decía Shakespeare. Todo aquello que hagamos por otros no entra dentro del mundo del absurdo, sino que es justo lo que da sentido al absurdo de este mundo. Pero hemos de tener cuidado: ayudar a levantar las pesadas cargas a otros, no te obliga a llevárselas siempre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Parroquia Sagrados Corazones
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