EVANGELIO jueves III semana de Pascua

EVANGELIO jueves III semana de Pascua

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 44-51

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado, Y yo lo resucitaré en el último día.
Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.
No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.
Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

REFLEXIÓN

Cuestión de ser

¿Quién es ese Jesús que atrae de esa manera, que llena de alegría y es fuente de vida, una vida nueva e imparable? El texto del evangelio de Juan se sitúa en el centro del discurso sobre el Pan de Vida. Toda gira en torno a una de esas siete frases de este Evangelio, que presentan diferentes imágenes de Jesús como fuente de vida: “Yo soy el Pan vivo bajado del cielo”. Del escenario del monte, donde había sido la multiplicación de los panes, se cambia ahora a Cafarnaúm. Tiene dos partes: la primera se centra en Jesús como enviado, y cómo la fe es don de Dios y es el camino para llegar al Padre; en la segunda, Jesús es el pan de la vida, el pan eucarístico ofrecido por la vida del mundo, fuente de vida y de comunión.

Dos ideas nos pueden guiar para adentrarnos en este profundo discurso:

La primera es tan sencilla como aquello de lo que se habla: el pan. A todos nos evoca un alimento familiar, cotidiano, que se comparte en la mesa, al calor del hogar. Así es Jesús, “manso y humilde”, servidor, alimento cercano del alma. La fe no es fe si es al margen de Jesús. Nada nos colma ni nos da paz interior, como Él. Es el amigo que siempre está ahí, el sagrario permanente, fuente de amor, de felicidad, de alegría. Del trato, a solas y en comunidad, con Jesús, brota la bondad, la fraternidad, el valor para ser mejor ser humano y vivirlo con integridad.

La segunda es que es un pan con “denominación de origen”: es el “Pan vivo bajado del cielo”. La fe no es fruto de nuestro esfuerzo ni voluntad, tampoco un capricho o una moda. La fe es un don de Dios, la descubrimos al descubrirnos hijos suyos, y la encontramos al acercarnos a Jesús, el que es capaz de dar vida dándose, el que “contagia” algo diferente a lo que nos pueda dar cualquier otro “pan”, el que es fuente de comunión y encuentro.

San Pio V

Los hombres y mujeres de Dios son capaces de hacerse también pan para los demás, alimento cercano y humilde, que se sabe siempre de Dios. Así dice el biógrafo Gabutio del papa dominico San Pío V, allá en el siglo XVI, y cuya memoria celebramos hoy: “Pío decía que los pontífices debían edificar la república tanto con piedras, como con virtudes. Había certeramente entendido que para regir a los hombres con paz y autoridad nada hay más válido que el ser amado de ellos y nada más impropio que el ser temido; asimismo que nada es más apto para acercar los hombres a Dios que buscar su salvación…con una gran caridad hacia los pobres y con una gran liberalidad y clemencia con todos”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Parroquia Sagrados Corazones
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