EVANGELIO Fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

EVANGELIO Fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 26, 36-42

Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos:
«Sentaos aquí, mientras voy allá a orar».
Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia.
Entonces les dijo:
«Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo».
Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
«Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».
Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
« ¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
«Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad»

REFLEXIÓN

Que se haga tu voluntad

Todos necesitamos el silencio en algunas ocasiones, sobre todo cuando los ruidos no nos permiten escuchar lo que está dentro de nuestro corazón. Hay que buscar momentos y espacios en los que retirarnos, en los que bajar el volumen del mundo exterior para poder escuchar el susurro del interior. En este tiempo que todavía estamos viviendo, a pesar de que el ruido exterior ha bajado bastante el volumen en las calles, en los espacios que por norma general están bulliciosos, hemos tenido muchas oportunidades de dar espacio y tiempo a ese susurro interior, a descubrir lo que hay más allá de nuestra superficie, quizá nos hemos dejado llenar por el sonido del miedo, de los temores a lo que iba a pasar, de la incertidumbre del día después… Hemos vuelto a crear ruidos.

Jesús se aparta, se separa de los ruidos que se le agolpaban por lo que iba a ocurrir, por el sufrimiento que cada vez estaba más cerca. Jesús se rodea de los más cercanos, intenta buscar un espacio propicio para escuchar con claridad, aunque sea el silencio y ante el dolor que late por dentro es capaz de desprenderse de sí para aceptar lo que viene.

Cuántas personas durante este tiempo que hemos vivido han sido capaces de acallar los ruidos que les podían impedir seguir adelante ante tanto sufrimiento y dolor, ante las pérdidas sin despedidas, ante el desconsuelo de la soledad y han abierto una puerta a ese silencio que se hacía entrega, atención, acogida, disponibilidad, solidaridad, esfuerzo, ayuda, fortaleza, compañía…

¿Estás en disposición de acallar el ruido y acoger la Palabra?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Parroquia Sagrados Corazones
mgripa08@gmail.com
No hay comentarios

Inserte un Comentario