EVANGELIO DEL DÍA: Viernes de la IV Semana de Cuaresma / Ciclo B / San José

EVANGELIO DEL DÍA: Viernes de la IV Semana de Cuaresma / Ciclo B / San José

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados». Cuando José se despertó, hizo lo que le habla mandado el ángel del Señor.

Reflexión del Evangelio de hoy

José, hijo de David, no temas acoger a María. Después del destierro, los judíos daban mucha importancia a las genealogías, a la procedencia de los antepasados, así pretendían demostrar su pertenencia al pueblo del Israel y a un clan familiar determinado: de la tribu de Leví, de la tribu de Benjamín… Por eso aquí, aunque se den saltos temporales, y se nombre a antepasados de dudosa catadura, -en qué familia no hay garbanzos negros- Mateo quiere subrayar el hecho de que Jesús es descendiente del rey David. Algo de ello ocurre entre nosotros: Fulano es de la familia de…; sus antepasados son… El Latinoamérica esto es evidente a cada paso.  Continuamente están diciendo: es de la familia de los…, procedemos de… Como si el apellido o lugar de los orígenes familiares diese más empaque y fiabilidad; bien sabemos que no. Herencia secular muy respetable; pero si tú no, no…

Mateo hace lo mismo. Hay que entroncar a Jesús en una familia real. El Mesías, como dije, no puede proceder de una familia sin cierto rango divino; había de tener cierto abolengo. Sumadas, son 42 generaciones anteriores hasta José, cuyo padre, abuelo de Jesús, se llamaba Jacob.

Lo importante es que José aceptó a María en una situación extraña, poco común y deseó rechazarla en secreto; gracias a que en sueños un ángel (soñar en la Biblia, ¡qué bien vienen!) le puso sobre aviso de quién era aquel Hijo. Recapacitó, recapituló y aceptó aquella paternidad subrogada, podríamos decir. José supo sustituir muy bien a Dios y se nos muestra, en lo poco que sabemos, como un padre amoroso y ejemplar. Hay una especie de juego trinitario, analógico, entre Dios/José, Hijo/Jesús, Espíritu/María. Los evangelios no son muy explícitos con José. No hagamos mucho caso, o ninguno, a los evangelios apócrifos (apócrifos/secretos), aunque se hayan puesto de moda.

El papa Francisco ha declarado este año como el Año de San José. Ha escrito una carta apostólica preciosa -difícil decir algo mejor, más sencillo, inteligible y sustentador de la fe en el papel que S. José jugó-. Se titula Patris corde (Con corazón de padre) Es breve. Se la recomiendo encarecidamente. Son siete capítulos como si de siete sacramentales se tratara: 1. Padre amado. 2. Padre en la ternura. 3. Padre en la obediencia. 4. Padre en la acogida. 5. Padre de la valentía creativa. 6. Padre trabajador. 7. Padre en la sombra.

Curiosamente, en todas partes del mundo, el nombre de José es el más utilizado, a pesar del anonimato de San José. Termina el Papa diciendo: “No queda más que implorar a san José la gracia de las gracias: nuestra conversión”. Y añade una sencilla oración para que la recemos habitualmente. Los devotos de S. José, la rezamos:

 

Salve, custodio del Redentor

y esposo de la Virgen María.

A ti Dios confió a su Hijo,

en ti María depositó su confianza,

contigo Cristo se forjó como hombre.

Oh, bienaventurado José,

muéstrate padre también a nosotros

y guíanos en el camino de la vida.

Concédenos gracia, misericordia y valentía,

y defiéndenos de todo mal. Amén.

 

Fr. José Antonio Solórzano Pérez O.P.
Casa San Alberto Magno (Madrid)

PALABRAS DEL SANTO PADRE

En estas palabras se encierra ya la misión que Dios confía a José, la de ser «custos», custodio. […] José es «custodio» porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas. En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Custodiemos a Cristo en nuestra vida, para proteger a los demás, para salvaguardar la creación. (Solemnidad de San José, 19 de marzo de 2013 )

 

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