EVANGELIO DEL DÍA: Jueves después de Ceniza

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EVANGELIO DEL DÍA: Jueves después de Ceniza

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 22-25

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
Entonces decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».

Reflexión del Evangelio de hoy

El que pierda su vida por mi causa, la salvará. Iniciando la cuaresma, los textos litúrgicos nos presentan a Jesús anunciando su trayectoria: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumo sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día”. Y así fue en verdad. Jesús traía un mensaje para toda la humanidad, el mensaje del amor, de la entrega, el mensaje de ser hijos

del mismo Dios. Pero este mensaje no fue aceptado por las autoridades religiosas de su tiempo. Le pidieron que se callase, pero Jesús no se calló. Siguió predicando su mensaje de amor hasta el final. Y fue ejecutado. Pero su final no fue la muerte en la cruz, sino que su Padre le resucitó al tercer día. Su vida de amor venció a la muerte.

Jesús nos pide: “El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con la cruz de cada día y se venga conmigo”. Hay que aclarar que la cruz con la que nos pide que carguemos es su misma cruz, es decir, la cruz del amor, la cruz del “amaos unos a otros como yo os he amado”. El que vive como Jesús, el que pierda y entregue su vida por su causa, la salvará, se encontrará con la resurrección a una vida de total felicidad.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

PALABRAS DEL SANTO PADRE

«No se puede servir a dos señores, a Dios y a las riquezas». Al comienzo de la Cuaresma, la Iglesia nos hace leer, nos hace escuchar un mensaje que podríamos titular «el estilo cristiano»: No podemos pensar en la vida cristiana fuera de este camino de Jesús. Siempre delante de nosotros se nos propone este camino que Él hizo primero: el camino de la humildad, el camino también de la humillación, de aniquilarse a sí mismo, que siempre nos conduce a resucitar. En efecto, este camino es fatigoso. El estilo cristiano, sin la cruz, no es cristiano, y si la cruz es una cruz sin Jesús, no es cristiana. El estilo cristiano toma la cruz con Jesús y sigue adelante. No sin la cruz, no sin Jesús. Y este estilo de libre renuncia cristiana nos salvará, nos dará alegría y nos hará fecundos, porque este modo de negar a nuestro yo posesivo es para dar vida, es un camino que va en la dirección opuesta porque me libera del egoísmo, y del deseo de acapararme todos los bienes sólo para mí propio beneficio. Este camino me abre a compartir los dones de Dios con otros, porque ese camino de aniquilación que Jesús recorrió, ese camino era para dar vida. El estilo cristiano es precisamente este estilo de libertad, de humildad, de alegría y de mansedumbre para dar vida. (Homilía santa Marta – 6 de marzo de 2014)

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