Epifanía del Señor

Epifanía del Señor

Fiesta de la Epifanía del Señor. Su mensaje puede resumirse en estas tres palabras: universalidad, gratuidad y agradecimiento.

 

Universalidad de la salvación: ‘Epifanía’ significa ‘manifestación’; pero, ¿a quién se manifiesta la Palabra de Dios, que pone su casa entre nosotros? ¿Con quién desea entablar un diálogo de amistad y de salvación? ¿Solo con un grupo selecto y escogido?…

Fiesta de la Epifanía del Señor. Su mensaje puede resumirse en estas tres palabras: universalidad, gratuidad y agradecimiento.

Universalidad de la salvación: ‘Epifanía’ significa ‘manifestación’; pero, ¿a quién se manifiesta la Palabra de Dios, que pone su casa entre nosotros? ¿Con quién desea entablar un diálogo de amistad y de salvación? ¿Solo con un grupo selecto y escogido?

   El relato evangélico de los Magos de Oriente que, al ver la estrella, la siguen, nos da a conocer que el designio salvador de Dios no se reduce al pueblo judío, o ahora a los cristianos, sino que quiere alcanzar a todas las gentes para que todos seamos ‘coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio’ (2ª lect.).

   Jesús (¡Dios salva!) es la estrella que brilla en el firmamento, para iluminar, guiar y salvar a toda la humanidad, representada en los Magos que, viniendo de países lejanos, buscan la luz. Por eso, la Epifanía es la celebración de la universalidad: a todos los hombres, de todos los tiempos y lugares, tiene que llegar el don de la buena noticia anunciada a los pastores: ‘Os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: Os ha nacido un Salvador’.

   Si nosotros hemos recibido esta gran alegría, hemos de hacer partícipes de ella a todos los demás. Eso es evangelizar.

Gratuidad de la salvación. Jesús es el mayor don que Dios puede hacernos y lo hace por puro amor gratuito. El Niño de Belén, en medio de su pobreza, es el mayor de los aguinaldos y el don que más nos puede enriquecer: ‘Cristo, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos en su pobreza’. Nos enriquece y nos colma de alegría como a los Magos quienes, al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría.

Agradecimiento de los Magos: Los Magos encuentran a Dios no en el esplendor del palacio ni en la riqueza, sino, como les señala la estrella, en un recién nacido, débil y pobre, en brazos de una mujer sencilla; y ellos reconocen que Dios se manifiesta en la humildad y en la debilidad: Cristo, siendo de condición divina, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo… (Flp 4, 7).

   Los Magos entonces caen de rodillas ante el Niño en señal de adoración y, llenos de agradecimiento, sin esperar nada a cambio, simplemente porque quieren al Niño, sus regalos.

VIVIR EL AGRADECIMIENTO Y LA GRATUIDAD: Dios actúa gratuitamente. Los Magos, además de agradecidos, obran también con gratuidad. Esta actitud en medio de una sociedad mercantilista en la que todo tiene un precio y en la que prevalece el ‘doy para que me des’, nos está invitando a que nosotros vivamos generosamente la  gratuidad, sin espera de reciprocidad. Resulta, por eso, hermosa la tradición de los regalos en este Día de Reyes, pues volcamos nuestro cariño y amor, en especial hacia los niños, como los Magos.

   La Escritura nos dice que lo que has recibido gratis, dalo gratis. La fiesta de hoy nos invita no solo a ser agradecidos con Dios y con el prójimo, sino que nos pide también que seamos ‘reyes magos’ para los demás, a que vivamos en actitud de dar y darnos gratuitamente sin esperar contrapartida.

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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