El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo: ‘Dadles vosotros de comer’

El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo: ‘Dadles vosotros de comer’

La festividad del Corpus nos recuerda cuáles son los signos distintivos de los seguidores de Jesús: Celebrar la Eucaristía en su memoria y vivir el Mandamiento Nuevo, amando como él nos ha amado. Ambas realidades son inseparables: participar en la Cena del Señor impulsa al creyente a amar al prójimo siendo solidarios con él, y amar como Jesús nos lleva a alimentar y acrecentar  nuestro amor,  participando en la mesa de la Eucaristía, pues el Pan que partimos nos une a Jesús  y nos ayuda seguir su mismo estilo de vida y de entrega …

La festividad del Corpus nos recuerda cuáles son los signos distintivos de los seguidores de Jesús: Celebrar la Eucaristía en su memoria y vivir el Mandamiento Nuevo, amando como él nos ha amado. Ambas realidades son inseparables: participar en la Cena del Señor impulsa al creyente a amar al prójimo siendo solidarios con él, y amar como Jesús nos lleva a alimentar y acrecentar  nuestro amor,  participando en la mesa de la Eucaristía, pues el Pan que partimos nos une a Jesús  y nos ayuda seguir su mismo estilo de vida y de entrega.

   El Evangelio de la multiplicación de los panes y de los peces confirma con claridad esta unión inseparable de la Eucaristía y el amor fraterno.

   Nos narra san Lucas que una muchedumbre seguía a Jesús. El día declinaba; los Doce ven que la gente necesita comer y le dicen a Jesús que despida a la gente para que se procure cobijo y alimento. La inesperada  respuesta de Jesús desconcierta a los discípulos: ¡Dadles vosotros de comer! ¿Cómo darles de comer, se dirían los discípulos, si  no tenemos más que cinco panes y dos peces,  y hay unos cinco mil hombres? ¡Es una nimiedad lo que tenemos y no supone ni un granito para saciar tanta necesidad!

    La primera reacción, pues, de los discípulos ante la situación  es  la de desentenderse del problema: despedir a la gente para que se arregle por su cuenta; la actitud de Jesús, en cambio, es la de afrontar la situación e implicarse en ella, diciendo a los discípulos que ellos hagan lo mismo. Y los discípulos entonces también se implican aportando lo poco que tenían y poniéndolo a disposición de la gente. El milagro entonces se  realiza: todos se saciaron sobradamente.

   El relato evangélico de la multiplicación de los panes tiene un claro sabor eucarístico y hay puntos en común con la institución de la Eucaristía en la Última Cena  que hoy nos trasmite san Pablo en su primera carta a los Corintios. Jesús pronuncia la bendición sobre los alimentos, los parte y los reparte para que los discípulos se los sirvan a la gente; por eso, cuando Jesús nos dice en la Última Cena haced esto en memoria mía nos está señalando que como él entreguemos y compartamos nuestra vida y nuestros bienes con quienes lo necesitan. Celebrar la Eucaristía en memoria de Jesús tiene que llevarnos a ‘multiplicar los panes y los peces’ para que todos coman y se sacien, como nos dice el Evangelio.

   El hecho de participar en la Eucaristía lleva consigo que nuestra postura ante la necesidad del prójimo no sea la de desentendernos, sino la de ayudar a solucionarla como hizo Jesús.

   Cáritas, año tras año, nos lo recuerda y, con todo acierto, se celebra el Día de la Caridad en la festividad del Corpus. El cartel que este año nos presenta: una persona dando de comer a otra, expresa plásticamente el mandato de Jesús: Dadles vosotros de comer. Y el lema: Vive la misericordia. Deja tu huella, refuerza la imagen del cartel al recordarnos las obras de misericordia que, en su Exhortación El Rostro de la misericordia,  el papa Francisco nos invita a redescubrir y la primera de las obras de misericordia es, como sabemos, dar de comer al hambriento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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